Historias de miedo y supersticiones sanjuaninas: la luz mala

-¿Vez allá esa lucecita que se mueve? Es la luz mala.

-¿Por qué es mala?

-Porque dicen que son almas en pena que murieron de forma violenta, no tuvieron una cristiana sepultura y vagan errantes en las noches. Para otros son las luces de las brujas que en el cerro le bailan al Mandinga. Y hay quienes creen que se trata de la luz del mismo diablo.

Imposible no temblar de miedo. La abuela nos decía que ni siquiera hay que mirarla y mucho menos acercarse a ella!

Entre las supersticiones y leyendas de la gente del campo, ya sea en los valles o en las montañas, está la de la “luz mala” o “Farol de Mandinga”, un mito con trascendencia religiosa que se extiende por casi todo el Noroeste Argentino y que es muy popular en San Juan.

En la revista Mundo Rural, Hipólito Marcial contó que “la luz blanca que aparece en la falda del cerro es buena, donde entra hay que clavar un puñal y al otro día ir a cavar; allí encontrará oro y plata. De la luz roja huyan o recen el Rosario, se dice que es luz mala, tentación del diablo”.

Dicen que los que se animaron a cavar donde vieron la luz mala, buscando algún tesoro, terminaron locos o muertos.

Cuando alguien se encuentra con la luz mala debe decir una oración y después morder la empuñadura de un cuchillo o enfrentarse a ella armado con un arma blanca. Si la luz llega a perseguir a alguien, se convierte en una sentencia de muerte para esa persona.

Los pocos que se han animado a ver que hay abajo de la luz han encontrado objetos metálicos o alfarería indígena, en muchos casos se trató de urnas funerarias con restos humanos, lo que aumentó el terror, y éstas al ser destapadas “despiden un gas que puede ser mortal para el hombre. Por eso los lugareños aconsejan tomar mucho aire antes de abrir o hacerlo protegido por una manta gruesa de lana para que ese tufo no llegue a ser respirado”.

En el libro “Supersticiones y leyendas”, aseguran que el mejor día (o noche) para ver la luz mala es el 24 de agosto, Día de San Bartolomé. Es cuando parece estar más brillante el haz de luz que se levanta del suelo y que, por creencia general, es porque es el único día del año en el que Lucifer anda libre y sin ángeles celestiales cerca por lo que puede hacer de las suyas.

La explicación científica acerca del origen de este fenómeno se relaciona con el fuego fatuo. Es una fosforescencia que se produce cuando se descomponen materias orgánicas enterradas cerca de la superficie o tiradas en el suelo.

Pero son explicaciones que no convencen a quienes han visto en el cerro moverse a la luz mala y a veces hasta cambiar de color y de tamaño.

La luz mala (autor desconocido)

Súbito brilla a lo lejos                   

una luz… la luz maldita,                               

cuya historia nunca escrita                        

saben jóvenes y viejos.                              

Vedla: lanza mil reflejos;                           

se detiene y humo exhala;                        

incendia el campo; resbala                        

retorciéndose maligna;                               

y cada uno se persigna,                              

murmurando: -«La luz mala!».

-«Es el alma de un hermano,                    

que, desterrada del cielo,                          

solitaria y sin consuelo                 

vaga errante por el llano;                           

un espíritu cristiano                     

de crueles ansias lleno,                               

que, de la noche en el seno,                    

nos ha pedido otras veces                         

una cruz y algunas preces                          

que lo tornen justo y bueno».                

Así dicen, y entre tanto,                             

esquivando sus destellos,                         

rezan juntos todos ellos,                            

olvidados ya del canto;                

y ven, trémulos de espanto,                    

cómo la luz resplandece,                            

y chispea, y desaparece,                            

y con nueva brillantez                  

ilumina, y cada vez                        

más y más grande parece.                        

Ora se hunde en el bajío,                           

ora corre por la loma,                   

pero siempre avanza, y toma                   

por momentos nuevo brío.                       

Del horizonte sombrío                

se aproxima a cada instante,                    

y hacia atrás y hacia adelante                   

huyen las sombras inquietas,                   

y se acerca a las carretas                            

como un ojo centelleante.        

Y, mientras lleno de horror,                      

tras esfuerzos sobrehumanos,                

se cubre con ambas manos                       

todo el rostro el picador,                            

el penacho de vapor                     

suelto al aire, rauda, altiva,                       

rumorosa y convulsiva                 

cual un potro desbocado,                          

pasa hirviendo por su lado                        

la veloz locomotiva.                      

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