María Esther

María Esther Robledo: la escritora sanjuanina que imprimió sus propios libros

Sobre la mesa del comedor está toda su vida. Sus 14 libros armados a mano con fotocopias de sus versos y cuentos, con tapas diseñadas por ella misma.

Las fotos de sus viajes, de los encuentros con poetas, las carpetas con sus diplomas, las carpetas con sus fotos artísticas, las hojas sueltas de sus dibujos a lápiz. Un caos de papeles por el que ella navega con facilidad.

También está su familia en esa mesa, representada por su esposo y compañero fiel, Antonio Guzzo, y en él, sus tres hijos, Elina, Martín y Javier, y los ocho nietos.

A sus 75 años, debido a sus problemas en la vista, María Esther Robledo dejó de hacer muchas cosas, pero nunca dejó de escribir.

Se define a sí misma como docente, escritora y artista plástica y asegura que son pasiones que van paralelas, no termina sus versos sin dibujar la imagen que los define.

Fue creadora y coordinadora del Encuentro Internacional Comunitario de Escritores – “Entretejiendo desde el hacer de las palabras y las imágenes”, – desde el 2005 hasta el 2016, y con más de 40 participantes visitaron 15 departamentos de la provincia y 60 escuelas.

Su preocupación eran los niños, que volvieran a la lectura, a los libros, a la ilusión de los cuentos y a querer escribir bien.

Esto le valió un reconocimiento del Ministerio de Educación, en el año 2005, por contribuir eficazmente al mejoramiento de la expresión oral y escrita de los alumnos de la provincia de San Juan.

De esa época guarda las poesías que los niños le entregaban.

Fue ganadora de numerosos concursos a nivel provincial, nacional e internacional, entre ellos, el primer premio y medalla de oro del XXIV certamen de poesía y letras Argentina Hoy, en 2011, organizado por la editorial Los Cuatro Vientos.

Fue nombrada socia honorífica del Instituto de Historia y Geografía de Goiás, Brasil, por brindar un “servicio excepcional para la cultura y la integración de América Latina”.

En la antología “El verso toma la palabra”, editado en 2008 por la Universidad Nuevo León, en México, la dedicatoria fue para ella, “por su aporte a la cultura Latinoamericana”; libro que se presentó en las Ferias del Libro de Guadalajara, Jalisco, Colombia y España.

Sus libros más algunas antologías de los encuentros de escritores.

Entonces, ¿por qué no le editaron sus libros en los circuitos de la cultura? María Esther levanta los hombros, vuela un silencio y luego un suspiro suena: “no se…”. 

“Todos los libros que tengo los hice yo y los encuadernó mi esposo. ‘Huellas’ fue el primero, en la década del ‘80”.

María Esther, por dentro y por fuera

Es una tarde oscura con lluvia de verano en San Juan. En la tarde oscura, ella brilla. Su pelo rubio pacientemente peinado, sus labios rojos, sus aros a tono con su blusa de colores marrones, con su sonrisa siempre cerca.

Antonio la mira como si fuera la primera vez o como si fuera eterna.

“Yo escribo desde siempre. Cuando era chica y mis padres discutían, yo les escribía cartas y se las dejaba en la almohada. Y así hacía cada vez que algo me pasaba, escribía”, dice María Esther.

Para ella la escritura fue un camino natural, un mandato que no se podía ignorar. Sus padres eran maestros y en su casa se leía y se redactaba mucho.

Nació con una particularidad, dice que tiene el cráneo más grueso de lo normal. Los médicos le dijeron que eso la hace distinta, no solamente físicamente sino también en sus capacidades.

Sus obras de arte, fotografía y dibujo.

Cuando a los 34 años su vista empeoró considerablemente, tuvo que jubilarse, trabajaba en el Hospital Rawson como técnica de radiología.

Entonces se dedicó de cuerpo y alma a sus pasiones, escribir y dibujar; sumó su amor por las plantas y por la fotografía artística, imágenes que modifica con programas en la computadora.

En 2004 presentó un cuento en un concurso en México y ganó, la invitaron a un encuentro de escritores que fue el germen de lo que un año después ella organizaría en San Juan con ayuda oficial. Esos encuentros se repitieron durante 10 años.

Conoció y fue amiga de los mejores, Leonidas Escudero, José Campus, y Rufino Martínez, quienes le dieron valiosas herramientas para escribir.

¿Sus temas? La vida. Las cosas sencillas, como en sus fotos: la plaza, una hoja, el zapato de una amiga, frutas, semillas…

Un amor de primavera

A Antonio lo conoció en la facultad, cuando ambos comenzaban a estudiar Arquitectura. Pero abandonaron cuando la dictadura militar se imponía en los claustros.

Llevan 54 años de casados, ya son como hermanos, se conocen hasta los microgestos, se pisan al hablar, se hacen señas, se callan, se ignoran mutuamente, cada uno en su conversación, pero atentos siempre uno del otro.

María Esther y Antonio Gabriel.

El secreto para permanecer tantos años juntos es “conversar, hablar todo”, según María Esther; en cambio para Antonio la clave es “la desigualdad”.

Antonio también escribe y asegura que es ella la que le enseñó. Su única obra es “Como se fue dando”, un libro de poesías que armó él mismo.

Es el primer fan de María E., incluso abrió una cuenta en YouTube donde lee los cuentos y poesías de su esposa, también algunos propios.

Ya es de noche. En el patio de entrada las flores de la adelfa amarilla alumbran la oscuridad. María Esther vuelve a entrar a su casa, va al fondo y trae dos plantas pequeñas que entrega de regalo, más los libros, más su calidez. Todo es belleza. El cierre de una tarde sencilla y perfecta.

2 comentarios en “<strong>María Esther Robledo: la escritora sanjuanina que imprimió sus propios libros</strong>”

  1. Maravillosa! Desde todos los ASPECTOS! Tan humilde como sabía. Gracias a ELLA y sus ENCUENTROS, crecí muchísimo como.persona y en el intento de escribir. FELICITACIONES!

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