Hay nombres que no conocimos en la escuela y que no resuenan por alguna calle famosa. Es el caso de Pedro Pascual Ramírez, un sanjuanino que hizo y dejó mucho en San Juan, pero que no figura entre los rutilantes de la historia.
Pocos se dedicaron a difundir su nombre. Una biografía de Ramírez se encuentra en el libro “Sanjuaninos del 80”, de César Guerrero, editado en 1965, donde destaca la amplitud de los intereses y ocupaciones de este Ingeniero civil que amaba a su provincia. También en los libros que publicaron sus hijos hay una reseña de su actividad.
Si bien era Ingeniero Civil, el hombre tenía avidez por casi todos los temas y fue un experto en minería, un docente dedicado, amante de la música y las letras, periodista investigador, apasionado por la historia y los pueblos originarios, y escritor empedernido que logró publicar varios libros. Todo esto sin dejar de lado la participación política.
Nació en el departamento de Santa Lucía el 21 de octubre de 1853, fueron sus padres José de la Cruz Ramírez y Marquesa Rodríguez, ambos descendientes de familias fundadoras de San Juan.
Los estudios primarios los cursó en su departamento, los secundarios, en el Colegio Nacional de San Juan y los universitarios, en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Buenos Aires, donde se graduó de Ingeniero Civil en 1878.
En Buenos Aires estudiaba y trabajaba como escribiente en la Contaduría General de la Nación, ayudante en el departamento de Ingenieros Civiles, después de obtener su diploma fue nombrado inspector técnico del entonces Ferrocarril Central Argentino.
Ramírez fue “un obrero infatigable de la idea y de la acción que siempre estuvo dispuesto a defender la noble causa de sus ideales con lealtad y valentía”.
Su actividad pública fue intensa, actuando en San Juan desde el año 1886. Fue diputado provincial, Intendente municipal por varios períodos (en la Capital sanjuanina), Concejal municipal, Inspector de Agricultura, Director de Estadística, miembro de numerosas comisiones para diversos asuntos, Jurado de imprenta.
Fue socio de numerosas sociedades científicas, encargado por el gobierno de organizar muestras de minerales para dos exposiciones; miembro de la Comisión de Ingenieros que se ocupó de los estudios y presupuestos de las obras de salubridad y aguas corrientes de la Capital y fue parte de la Comisión Auxiliadora del terremoto de 1894.
En el orden nacional, su actuación fue intensa durante 33 años. Fue jefe de la comisión de replanteo de la línea del ferrocarril a Bolivia, subdirector de esta línea y constructor del ferrocarril de Ledesma a Embarcación, director del ferrocarril a Rosario, luego del ferrocarril de Tucumán a Jujuy y vocal de la comisión auxiliar de San Juan en la Exposición Universal de 1889 en París.
Fue conductor de obras públicas en diferentes puntos del país.
Fue ingeniero del Departamento de Ingenieros Civiles en las obras del Ferrocarril del Norte, miembro de la Comisión de Trabajos de la defensa del río Dulce de Santiago del Estero, y de las obras del Puerto de Rosario, trabajos realizados desde 1894 hasta 1903 cuando renunció para ocupar el puesto de subdirector de la línea a Bolivia.
Fue consejero de la sucursal San Juan del Banco Hipotecario Nacional, y fue, en más de una oportunidad, gerente interino.
En San Juan fue profesor en la Escuela Nacional de Minas en 1884, donde dictó las materias: física industrial, estática gráfica, mecánica aplicada y resistencia de materiales, siendo por decreto director interino en más de una oportunidad. En 1892 se retiró de esas cátedras para ocupar otros cargos
Mientras trabajó en el norte coleccionó objetos indígenas formando un valioso museo. Tenía una gran biblioteca donde había libros raros e innumerables americanos de mucho valor.
En 1888 fue nombrado secretario de la comisión recolectora de fondos procreación de las estatuas de Francisco Laprida y Fray Justo Santa María de Oro. En el mismo año es nombrado jurado de imprenta, cargo que ejerce durante muchos años por reelecciones sucesivas.
En 1889 fue vocal de la comisión popular de la Exposición Rural que se realizó al año siguiente en Buenos Aires, logrando medallas de oro para San Juan, distinción entregada a los mejores expositores.
Fue inspector de edificios escolares, y miembro de la Comisión Administradora del Hospital Rawson.
Como periodista tuvo una labor muy fructífera con columnas en diarios y revistas de su época que mostraron su pluma vivaz y activa. Fue director propietario del diario ‘San Juan’, desde su fundación en 1908 hasta 1922. Éste fue uno de los diarios de mayor difusión en su época en la provincia y su orientación estuvo del lado de las necesidades del pueblo, al cual defendió con devoción.
Fue corresponsal en San Juan del diario La Nación durante 30 años, remitiendo noticias de movimiento evolutivo de la provincia. Pero donde más se destacó su acción literaria es en el libro.

Sanjuanino multifacético
Ramírez fue un autor muy prolífico, dejando muchas obras que fueron publicadas de forma póstuma.
En 1889 publicó la primera edición de su ‘Industria minera de San Juan’, libro que reedita cinco años más tarde, ampliado y con nuevo título: ‘Industria minera y metalúrgica de San Juan’, que coincidió con su nombramiento como miembro de la comisión encargada de remitir las muestras necesarias a la Exposición Minera y Metalúrgica en Chile en 1894.
En 1898 publicó ‘Industria vitivinícola de San Juan’, como una contribución a la exposición industrial de ese año y que obtuvo elogiosos comentarios de la prensa del país.
Dos años más tarde publicó ‘Datos estadísticos de San Juan’, como resultado de su trabajo como interino de la Dirección General de estadísticas de la provincia. Al año siguiente se imprimió ‘Memoria de la inspección de agricultura y obras públicas’, como resultado de su gestión al frente de estas áreas.
Luego de su muerte dejó una serie de obras inéditas sobre distintos tópicos, algunas de las cuales se publicaron: ‘Los huarpes’, que fue presentado por sus hijos en el Primer Congreso de Historia de Cuyo realizado en Mendoza en 1937. Se trata de un amplio estudio sobre la debatida cuestión de la existencia del huarpe en Cuyo, donde Ramírez aportó un carácter polémico al refutar las obras de otros autores.
Otras obras fueron: ‘Contribución a la historia geográfica de San Juan’, ‘Apuntes sobre economía política’; ‘Nombres toponímicos de San Juan’, ‘Algo sobre etnología’, ‘El agua e irrigación’, ‘Humahuaqueñas’; ‘Nuestras críticas’, ‘Luchar es vivir’, ‘Nuestros caminos y nuestras calles’, ‘Vocabulario Quichua, toba’, mataco y chiriguano’; ‘Delitos de imprenta’, entre otros títulos.
Por su vasta producción escrita es fuente permanente de consulta de Destino San Juan.
“Además de una infinidad de artículos periodísticos en todos los cuales se nota una laudable predisposición al esclarecimiento de interesantes temas no conocidos en toda su amplitud”, señaló su bio en sus libros.
Sus contemporáneos señalaron que Ramírez “era un hombre estudioso y metódico, como puede dilucidarse por la interesante biblioteca que formó con obras de carácter histórico y de ingeniería, dando con ellos la sensación de un curioso bibliófilo apasionado y entendido en la selección de aquéllas”.
Participó de casi todas las instituciones de carácter cultural de la época en la provincia, desde la Sociedad Científica Argentina, hasta la formación del Club Social de San Juan, del cual fue socio fundador y su primer secretario.
Ramírez contrajo matrimonio con Antonia Lucía Ramírez, el 27 de noviembre de 1897, tuvieron cinco hijos: Eleodoro, Efrain, Enrique, Nélida y Luis Alberto, los dos primeros siguieron los pasos de su padre en el periodismo.
Falleció en Trinidad el 9 de noviembre de 1929 a la edad de 76 años. Solo lleva su nombre la Escuela Nocturna Pedro Pascual Ramírez, en Rivadavia.
