César H. Guerrero, pasión por la historia de San Juan

Guerrero

Un rápido repaso de los títulos de sus 39 libros y sus más de 40 folletos y ensayos es prueba irrefutable de la pasión por la historia de San Juan de César H. Guerrero.

El primer libro, escrito en 1936, fue “Camilo Rojo”; un año después publicó sus “Efemérides sanjuaninas” y en 1938, “Sarmiento en el 50 aniversario de su muerte”. El último fue escrito en 1988, “Bienvenida Sarmiento”, un año antes de su muerte ocurrida en 1989.

Todos los personajes y temas de la historia sanjuanina fueron de su interés. Escribió sobre José Ignacio de la Roza, Deán Balmaceda, San Martín, Mujeres de Sarmiento, Juan Jufré y la conquista de Cuyo, Lugares históricos de San Juan, José Clemente Sarmiento y la historia de su amado Albardón, su tierra natal.

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Desde el primer día, César H. Guerrero se convirtió en uno de los principales referentes de Destino San Juan, sus obras son material de consulta permanente. Sin embargo es poco lo que se escribió sobre su vida.

Era un hombre muy querido entre sus colegas y siempre lo recuerdo leyendo, estudiando, escribiendo sobre lo que le apasionaba. Tenía un carisma… una sonrisa, y si tenía algún enemigo debía ser político porque él era radical como su padre”, relató su hija Mafalda “Sacha” Guerrero.

Contó que César se casó con Paulina Kellenberger en 1937 y que juntos pasaron tiempos buenos y malos, “porque cuando estuvo en el gobierno el peronismo y se negó al duelo por Eva Perón se quedó sin trabajo. Ahí abrió una librería con su amigo Emilio Moyano. Pero tuvimos épocas en las que lo pasamos mal”, dijo Mafalda.

Mafalda
Mafalda Guerrero

Tuvieron cinco hijos: Sara Paz, Paulina, Mafalda, César Francisco y Eugenio Ovidio, a los que Guerrero gustaba llamar con nombres nativos como Ñusta y Huaykil, hasta que un día su esposa le dijo: “Cesar, ¿no crees que ya tenemos muchos indios en la casa?”.

En su hogar, Guerrero era muy estricto y serio, sus normas debían cumplirse. Su padre era militar (hay una calle en Albardón en honor al Coronel Guerrero) y asimiló su estilo de vida. Ese orden le permitió concretar su formación autodidacta y su prolífica obra.

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Guerrero (tercero desde la izquierda) junto a otros hombres de la cultura sanjuanina.

Guerrero por mérito propio

El CENS N° 243 lleva el nombre de Cesar H. Guerrero, el hombre que supo forjarse a sí mismo y destacarse entre los notables de las letras y la historia de San Juan en el siglo XX.

En las reseñas de Guerrero que aparecen en las solapas de sus libros señalan que desde joven mostró sus dotes para la escritura a la que se vinculó primero desde el periodismo; y en su Albardón natal fundó los semanarios “Los Huarpes” y “El Cóndor”.

Después, cuando vivía en la Ciudad de San Juan, fue codirector de la revista de la Junta de Estudios Históricos de la provincia y colaborador de la difundida e ilustrada revista “La Semana”. También escribía en los diarios Nuevo, Tribuna, El Zonda, La Acción, La Voz del Magisterio, entre otros.

En 1945 fundó la revista Sarmiento, en la que colaboran destacadas figuras de las letras argentinas.

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Su primer libro, “Camilo Rojo”, le dio el primer reconocimiento y obtuvo el premio en el Congreso de Historia realizado en San Juan; mientras que la obra “Patricias Sanjuaninas” obtuvo el primer premio de la Comisión Nacional de Cultura Región Cuyo, en 1943.

Su actividad en instituciones era tan intensa que cuesta imaginar cómo se hacía tiempo para escribir. Fue director del Museo Histórico y Biblioteca Sarmiento; presidente del Instituto Sarmiento, secretario de la Junta de Historia de San Juan, secretario del Instituto Nacional Sanmartiniano; vicepresidente de la Federación de Bibliotecas Populares de San Juan.

También fue presidente de la Biblioteca San Martín de Albardón, y allí también vicepresidente de la Cruz Roja Argentina.

Fue miembro titular del Instituto Argentino de Cultura Histórica; miembro de la Asociación Argentina de Estudios Históricos; del instituto Sarmiento de Sociología e Historia, entre otros.

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En el auto, Guerrero mientras era guiado para cruzar el río San Juan.

Guerrero incansable

Además, fue profesor de Historia de la escuela Industrial de la UNSJ.

“La enseñanza y el diálogo poseían para él un encanto irresistible porque se amoldaban a las dotes de su espíritu esencialmente comunicativo de investigador infatigable”, dice la contratapa de su libro “Lugares históricos de San Juan”.

Y agrega: “Dotado de una inteligencia clarísima y una memoria nutrida de profundos conocimientos, tenía la propensión de comunicar a los demás lo que había estudiado como autodidacta”.

Y radical

 “Con mis hermanos tenemos una gran duda: ¿qué hizo papá antes de conocerla a mamá? Porque conocía Buenos Aires como la palma de su mano, era asombroso ver cómo se manejaba allá”, confesó Mafalda.

En la casa de los Guerrero – Kellenberger se cantaba la arenga radical. César sabía jugar al tenis, le gustaba montar a caballo y sus hijos nunca lo vieron fumar.

“La puntualidad era como su enfermedad y siempre llegaba antes a una cita. Nunca gritó en casa, nunca golpeó la mesa y con una sola mirada sabíamos que hacer. Era un caudillo, y en el trabajo era muy respetado”, recordó su hija.

César fue amigo de otra gran historiadora, Carmen Peñaloza de Varese.

César H. Guerrero falleció en San Juan el 15 de octubre de 1989, había dejado varias investigaciones inconclusas y un libro póstumo “Mujeres Sanjuaninas, entre la historia y la leyenda”.

Su hija pide ser rigurosos con sus datos: “No se olvide de la H. porque él decía: ‘Soy César H. (Hermógenes), porque César Guerrero puede haber muchos, pero César H. Guerrero, sólo yo”.

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