Historias de milagros: el cerro El Calvario de Calingasta

el calvario

La historia del cerro El Calvario, en la Villa Calingasta, es la historia de un milagro; y no podría tener mejor relatora que Cora Esquivel de Toro, la gran historiadora del departamento, y “patrimonio viviente de Calingasta”, como dicen sus hijos.

Cora conoce esta historia desde adentro y por herencia cultural, ya que el protagonista del milagro era un hombre que trabajaba en la carpintería de su bisabuelo.

Carmen Tobares era un chileno que llegó a Calingasta a trabajar y a principios de 1800 era obrero en el taller de  José Torres Laciar, casado con Francisca Domínguez Trigo, los bisabuelos de Cora.

Una de las nuevas estaciones camino a la cruz de El Calvario.

La señora Domínguez era nacida en Calingasta y su marido nació en Desamparados, ellos eran los dueños de toda esa tierra donde se encuentra el cerro El Calvario y que después heredó Cora Esquivel.

“Era una carpintería muy especial, hacían desde muebles, tonelería y hasta instrumentos musicales, productos que comercializaban con Chile y eso es algo que yo también hice”, contó Cora.

Cora esquivel
Cora Esquivel de Toro.

El milagro

Nunca se supo por qué, pero el chileno Tobares quedó ciego. Al principio se desesperó porque no había médicos en la zona, ni siquiera un camino, solo se llegaba a la capital de San Juan a lomo de mula o caballo.

Tobares se encomendó a Dios y pidió: “Todo Poderoso, Santa Lucia, ayúdenme, prometo dejar una obra que recuerde para siempre este milagro”.

El milagro se produjo, el carpintero recuperó la vista y en el taller de Torres Laciar le ayudaron a construir una cruz de dos metros de alto. Todo el pueblo lo ayudó a levantar esa cruz en la cima del cerro, que era el sitio más alto de la Villa Calingasta.

Ramon Pereyra con su hijo Carlos Pereyra constructores de la primera ermita al pie de la cruz. Foto gentileza Omar Toro.

“La llevaron con ayuda de los vecinos porque era una cruz grande y no había ninguna senda, pero se las ingeniaron para ponerla ahí en acción de gracias por el milagro”, dijo Cora.

Desde entonces, la comunidad, de arraigada tradición católica, comenzó a hacer el vía crucis en Semana Santa subiendo ese cerro, tal como lo hizo Jesús con su cruz a cuesta.

“Todos los años hacemos el vía crucis, el lugar se fue mejorando con distintas obras. Es una devoción en Calingasta el cerro El Calvario y la Cruz de Cristo”, relató.

Ya se sabe, la fe mueve montañas, o se mueve a la montaña como en Calingasta.

Otra historia calingastina, aquí.