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El rincón sanjuanino donde cayó el General Carrera, líder de la Patria Vieja chilena

Para entender la batalla de Punta de Médano ocurrida el 31 de agosto de 1821 en el departamento Sarmiento, hay que situarse en la geografía, remontarse en la historia que la desató y destacar sus personajes.

Se trataba de tropas invasoras provenientes del litoral rioplatense, ingresando a territorio sanjuanino por la ruta que viene desde San Luis (ciudad que recién habían ocupado) bordeando junto a la sierra Pie de Palo con dirección Oeste.

Eran tropas consideradas insurgentes, atravesaban el país para llegar a Chile, y recuperar el poder del caudillo que los comandaba, José Miguel Carrera, líder de la llamada Patria Vieja chilena (1810-1814).

José Miguel Carrera

Llevaba ocho años expatriado de su emergente nación y junto a miles de otros chilenos debieron cruzar forzadamente la cordillera cuando los españoles recuperaron Santiago, la capital, tras el llamado Desastre de Rancagua. Una batalla que, siguiendo el tono de su nombre, determinó un giro trágico en su vida en octubre de 1814.

El exilio de Carrera se mantuvo, incluso luego de finalizada la reconquista hispana y recuperado el poder patriota en Chile en 1817, gesta de la que fue relegado a no participar ni estar presente.

Así se fue gatillando su animadversión con José de San Martín y, principalmente, con su brazo derecho chileno, Bernardo O’Higgins, con el que tenía ya enemistad desde Chile y se proyectó a Buenos Aires contra El Directorio.

Carrera se ubicó política y militarmente del lado de las primeras acciones de los federales riopltatenses y la Banda Oriental (Uruguay).

El historiador sanjuanino, Guillermo Genini, profesor en la Universidad Nacional de San Luis, ha investigado las invasiones carrerinas al poniente de Argentina y específicamente en Cuyo, en San Luis, San Juan y Mendoza.

«Los Últimos Momentos del General Carrera», una pintura del uruguayo Juan Manuel Blanes, realizada entre 1872 y 1873.

Este académico argentino es miembro de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, pues ha interactuado con pares del vecino país.  Genini considera que la Batalla de Punta de Médano, la última del tildado proscrito, insurgente y montonero, “tuvo alta repercusión en toda América y llamativamente, no ha quedado registro en la memoria histórica de los sanjuaninos”.

Punta de Médano fue el último dentro de numerosos combates que Carrera venía encabezando o participando. Quizás el más glorioso, la Batalla de Cepeda, acompañando con sus tropas a los caudillos de Entre Ríos y Santa Fe, derrotando al poder centralizado de El Directorio de Buenos Aires (febrero 1820); o los choques de Chajal y Las Pulgas (marzo,1821), cuando triunfó frente a las fuerzas de Córdoba y San Luis combinadas, que le obstruían sus primeros avances hacia Chile.

La victoria más cercana a su muerte fue la sorpresa de Río Cuarto (límites cordobeses y cuyanos), cuando dio un golpe a las filas de Mendoza y San Juan, base argentina del Ejército de Los Andes, que le salieron al paso con el doble de dotación (julio 1821). 

Genini dio contexto: “Recordar que Carrera tenía partidarios en muchos lugares, en Córdoba, en Mendoza, en San Juan, en Chile, fue muy persistente en su objetivo, lo quería alcanzar por todos los medios y a toda costa, pero debía atravesar más de mil kilómetros para lograrlo”.

“Las tropas carrerinas estaban compuestas no solo de chilenos, sino de indios, santafesinos, entrerrianos, cordobeses”, agregó.

A los partidarios se sumaban renegados desertores de otras huestes, o prisioneros que adherían a sus filas. Era un ejército de poco más de seiscientos combatientes, a los que se sumaba en la retaguardia, según los partes de batalla, aproximadamente setenta mujeres, que iban en convoy de mulas y carretas.

Existen variadas conjeturas sobre el rol y condición de ellas.   

Primer levantamiento topográfico de San Juan por orden del entonces gobernador D.F Sarmiento, se ve la zona del combate, la cuenca del río, lagunas y ciénagas.

Un niño Sarmiento de testigo

“San Juan tembló como un azogado cuando vio empezar a llegar (SIC) los dispersos del Río IV. Toda esperanza de salvación estaba perdida. Aníbal estaba ya a las puertas de Roma con sus elefantes y sus hordas africanas”.  Eran las palabras del hijo ilustre sanjuanino, Domingo Faustino Sarmiento, presidente de Argentina entre 1868 y 1874, un niño de 10 años cuando ocurrió esa invasión de Carrera a territorio cuyano.

En carta remitida a su amigo historiador Miguel Luis Amunategui, desde Valparaíso, donde pasaba su exilio a mediados del siglo XIX, rememoró esa campaña, cuando fuerzas combinadas de Córdoba y Cuyo buscaban acorralar al caudillo chileno en su avance perseverante y fueron derrotadas por éste en Río Cuarto.

Decía Sarmiento en su carta: “El terror había llegado a su colmo. Carrera estaba aún en San Luis, y en San Juan las casas estaban cerradas, las calles desiertas, y no se hablaba sino de emigración y de abandonarlo todo”. Los niños vigilaban “desde lejos la montonera, llevando desolados a nuestras madres la noticia de haber divisado un hombre a caballo que venía galopando”.

En la Batalla de Río Cuarto, Carrera sorpresivamente pudo sortear la amenaza saliendo victorioso con un ejército bastante más disminuido en número y equipamiento.

Antes que le de alcance la vanguardia cordobesa, y ya de frente a los ejércitos de San Juan y Mendoza, supo salir atacando con la agilidad de su caballería los flancos débiles cuyanos y dar muerte repentina al general que comandaba la acción, el mendocino Bruno Morón. 

Genini describió que tras la derrota cuyana, Carrera pactó con San Juan el paso de sus fuerzas por la Quebrada de Zonda, además de la entrega de 2.000 caballos, a cambio que no atacase el área urbana y sus habitantes. Pero primero debía recomponer fuerzas y hacer cuartel en San Luis, ciudad que ocupó durante un mes.

“Estuvo, me imagino, preparando la tropa, los caballos y a fines de agosto inició su camino”, precisa Genini. El arribo de Carrera a territorio chileno por vía San Juan hacia  Coquimbo o Valparaíso, era inminente, si se daba todo.   

Punta del Médano, hoy

La defensa se reincorpora

El avance de José Miguel Carrera en su última etapa contaba con la promesa del sanjuanino Ventura Quiroga, el general rendido que quedó encabezando la tropa cuyana tras la caída mortal de Morón, en Río Cuarto.

Al cabo de un poco más de un mes, esa promesa se diluyó. La defensa se reactiva en San Juan y Mendoza.

Una prueba de esto es la misiva enviada a Bernardo O’Higgins hacia Chile, por el gobernador de Mendoza, Tomás Godoy Cruz, el 24 de julio de 1821. Ahí explicó la derrota en la “intrepidez” de Morón, que tras su muerte dejó “al ejército sin jefe y en desorden”.

A continuación, le remarcó los esfuerzos en dotarse de una jefatura militar calificada, no sin recordarle: “nada hacemos si Ud. no nos manda, así sea a cordillera cerrada, siquiera 500 sables y 300 tercerolas o en su lugar 100 pares de pistolas, pues esta guerra es de a caballo, sable y pistola”.

A más de un mes de esa carta, Mendoza ya estaba lista, comandada por el coronel José Albino Gutiérrez. También San Juan contaba con una defensa renovada que se apoyó, según Genini, en oficiales del Ejército del Norte, comandados por José María Pérez de Urdininea y cinco oficiales más. Mientras, San Martín estaba en el Perú enterándose de todo. 

Sarmiento, en la intimidad epistolar con Amunategui, refiere a ese momento en las mismas carillas: “No era coraje, ni armas ni soldados lo que faltaba; era un hombre, una cabeza, una espada. Se necesitaba tener a quien obedecer, pues que la fe, la desesperación y el valor sobraban. Los vecinos aparecieron en las calles. A pie, a caballo, todo el día se formaban grupos de gentes que iban y venían, remolineando de contento”.

Carrera ya estaba informado de las defensas preparadas tanto en Mendoza como en San Juan, aunque aún guardaba esperanzas en la disolución bélica de este último poblado.

Para mantener a los mendocinos a raya en su avance desde San Luis a San Juan envió a una vanguardia de guerrilla amagar avances por la ruta principal a Mendoza, una ruta por el Este de las lagunas de Guanacache. Eso puso en alerta la defensa de esa ciudad y retrasó cualquier intento combinado de las fuerzas de ambas provincias. Carrera, en cambio, luego concentró el avance por la ruta norte que cae directo a territorio sanjuanino.

Genini señaló que cuando se supo que Carrera venía por el norte bordeando desde esa ribera las lagunas de Guanacache y el río San Juan (ambas cuencas hoy casi secas), Urdininea hizo salir sus tropas a La Legua (departamento de Santa Lucía). Ahí esperaron al invasor.

Carrera tenía apenas 36 años cuando fue fusilado.

La encrucijada

En una acabada investigación del historiador Joaquín Pérez en relación a San Martín y Carrera, publicada por la Universidad Nacional de La Plata en 1954, sostiene que en el viaje carrerino desde San Luis a los márgenes del río San Juan “todos los elementos de movilidad y alimentación habían sido retirados por los cuyanos”.

La gente de San Luis que se habían sumado (unas 80 personas), desertaron casi todas.

En forma “penosa”, apunta Pérez, llegaron al río San Juan y se encontraron con “una partida exploradora de los sanjuaninos a la que dispersaron fácilmente”.

A continuación, sumó un dato importante: “Aquí pasó a las filas de Carrera un soldado de la vanguardia de los sanjuaninos que le informó que éstos sumaban 500 hombres” y que estaban en un punto cercano a la ciudad esperando “la llegada de los mendocinos que se acercaban a marchas forzadas”.  

Sarmiento, en la carta mencionada dijo: “Carrera llegó en efecto a la hacienda de la Majadita (a 20 km al Este de San Juan, departamento 9 de Julio), donde acampó, para pasar el río al día siguiente en busca del ejército animoso y fanatizado hasta el delirio que lo aguardaba.

Allí, lejos de encontrar una traición, salvolo de una destrucción segura un compatriota suyo. De las filas sanjuaninas pasó en la noche a las suyas, un peoncito chileno que tenía por apellido Cruz”.

Desde entonces la estrategia cambió, Carrera comenzó un avance contra el tiempo, buscando sortear San Juan por el sur, sin bajar lo suficiente en el mapa hacia Mendoza, cuyas fuerzas vendrían en contramarcha hacia el norte.

La misión era evadir y cruzar el río San Juan, luego avanzar en dirección sur-poniente, por rutas entonces de tránsito huarpe, evitando confrontaciones, para seguir hacia la que en esa época llamaban posta de Guanacache (al oeste de la actual Ruta Nacional 40) donde contaban con la posibilidad de restaurar caballería y así poder seguir a Chile.

El problema era que esas rutas no eran fáciles para trasladar ejércitos y su convoy, debido a la gran ciénaga que entonces había, más aún en época invernal.

“Se le presentaban dos batallas como inminentes y su caballada estaba en estado lastimoso, la potencia combativa de su fuerza consistía en su famosa carga en dispersión, en el entrevero a sable, donde sus hombres imponían terror”, documentó Joaquín Pérez.

Según las memorias del soldado y cronista Manuel Pueyrredón, que acompañó a Carrera en las últimas campañas, luego de una tediosa marcha por los pantanos, se llegó a un lugar apropiado para el acampe, llamado Punta de Médano (en Sarmiento, a 30 km. al sur de San Juan) donde “las yeguas y caballos que habían podido pasar, estaban tendidos en el suelo, acabados de fatiga”.

Al amanecer de ese 31 de agosto, no está claro si en el lugar de acampe o más al Sur-Oeste, fue cuando el ejército de Mendoza los divisó. Esa fuerza era de 700 hombres, 130 de caballería en cada flanco y el resto repartido entre infantería, al centro, y reserva en retaguardia.

Imagen de Google Maps, zona del combate.

Carrera y su viacrusis

Actualmente trazando una línea desde la localidad de La Majadita en 9 de Julio hacia la de Guanacache, en Sarmiento, existe entre medio el distrito de Punta de Médano y una villa ahí con ese nombre, muy cercano a la Estación Cochagual.

Sin embargo, Genini sugiere el punto de batalla unos kilómetros más al sur poniente, actual sector Tres Esquinas, pues deduce que las tropas ya marchaban esa mañana hacia Guanacache.

Incluso se ha documentado que 50 soldados, los mejor montados, ya se encontraban ahí al momento de la batalla, adelantados buscando caballada para renovar. No obstante, pareciera que el lugar del último campamento, aunque se hayan marchado de ahí, determinó el nombre de la batalla. 

El coronel José María Benavente, lugarteniente de Carrera en lo militar y político, testimonió al tiempo después en sus apuntes: “Nos vimos precisados a empeñar una acción que no debíamos y que en otras circunstancias habríamos eludido”. Añade que no quedaba más opción que abrirse camino, pues además eran inminente las vanguardias sanjuaninas.

Benavente realizó dos ataques de caballería al flanco derecho de los mendocinos y logró al menos dispersar a varios que se unieron a la infantería, incluso dejando cabalgaduras en el llano.

En las dos ocasiones, desde las posiciones de infantería local, hubo firmeza y permanentes disparos en diagonal y a quemarropa que generaron daño. Cuando Benavente arengó “a degüello” para una última descarga, de la que incluía a Carrera y toda la reserva, la confusión y cansancio desanimó toda acción de la tropa.

Con los dos intentos anteriores ya las bajas eran demasiadas y no quedaban fuerzas en los animales. Los mendocinos ahí atacaron con todo, reservas incluidas.

De acuerdo a las investigaciones y recopilación de Genini, el saldo de la Batalla de Punta del Médano se estima en más de 190 muertos, 230 soldados prisioneros, a los que se suman 70 mujeres, la captura de todo el parque, carros, armas y más de 400 animales, entre caballos y mulas.

De los dispersados libró Carrera y un centenar, que anduvo camino a Guanacache, dicen. Luego torcieron al sur, pues los perseguían de cerca las avanzadas sanjuaninas, que le cerraban la evacuación andina.

Cuenta Pueyrredón que un grupo de cinco oficiales chilenos y uno cordobés, decidió a la siguiente madrugada (1 de septiembre) entregar al gran jefe y pagar con ello un indulto.

Acusado de conspiración y rebelión fue condenado a muerte.

Carrera fue fusilado en menos de una semana, un 4 de septiembre, ante una multitud, en la plaza principal de Mendoza, mismo escenario donde ejecutaron tres años antes a sus hermanos Juan José y Luis, cuando esa gran sublevación dentro de Revolución de Independencia americana pasó de las palabras a la acción.  

Esta suerte de viacrucis de José Miguel Carrera camino al deceso, el poeta Pablo Neruda lo pincela así, sublime, en el Canto General:  

“Va por las carreteras inconclusas,
zarza y tapiales desdentados,
álamos que le arrojan oro muerto,
rodeado por su orgullo inútil

como por una túnica harapienta
a la que el polvo de la muerte llega”.

(Imagen de apertura: Fusilamiento de José Miguel Carrera en 1821 en Mendoza, por Luis Rojas Chaparro)

Juan Cox Sánchez es periodista, chileno residente en San Juan.