Muchas personas tienen experiencias paranormales, pocas se animan a contarlas. Felipe Peres (con s) no solo se animó sino que en 2025 imprimió un pequeño libro al que tituló “El más allá” donde relata algunas de vivencias con espíritus que lo tuvieron como protagonista.
“Cualquiera que haya tenido alguna experiencia paranormal se habrá preguntado alguna vez, quizás, sobre el origen de éstas. ¿Son estas vivencias reales o son un juego que presenta el subconsciente? (…) ¿Son acaso estas percepciones evidencia de almas aún presentes en el plano terrenal?”, se preguntaba Felipe.
Su publicación es artesanal, para el diseño lo ayudó su hija Medea y en la portada sólo hay nubes, la luna y el título, tal como pidió el autor.
Peres es un vecino famoso de la Villa Aberastain, aunque por otras cuestiones: fue durante 20 años parte de las comisiones del Club Aberastain en los años de las grandes obras; fue también parte del grupo originario de vecinos que gestionó y logró el gas natural para la villa. Además de contador, es un fanático por la historia de Pocito y es productor de uva y aceitunas.
Citando a Sócrates, a Santo Tomás de Aquino y algunos pasajes bíblicos, Peres comenzó a contar sus historias. Acá se transcriben tal como fueron escritas por él.
¿Aviso o premonición?
“De noche ya, un día del mes de junio de 1991, volviendo de trabajar de mi estudio ubicado en la ciudad de San Juan, en la esquina de las calles David Chaves y Tierra del Fuego, doblé a la derecha preparándome para ingresar al garaje de la que en ese momento era mi casa familiar.
Fue entonces cuando, de pronto, parado sobre el puente de entrada y frente al vehículo, estaba mi papá vestido como de costumbre: un saco abierto, el cuello de la camisa desprendida, la bufanda que usaba siempre sin importar cuánto frío hacía y que colgaba sobre su torso. Lo vi y asustado grité un ‘¡Cuidado huevón!’, que era el modo en el que a veces cariñosamente me dirigía a él; y frené como loco.
Ningún accidente ocurrió esa noche, puesto que lo que yo presencié fue solo una visión o señal, o un aviso, tal vez, que cobró sentido luego. No fue hasta dos meses después que entendí que todo el suceso había sido una premonición. El 11 de agosto de 1991, y con 69 años, falleció mi padre. Hace unos pocos días encontré mis cosas la bufanda que hace poco más de 33 años y aquella noche él portaba”.
En la esquina
“Recuerdo que mi padre solía relatarnos sobre encuentros o percepciones especiales que en distintas circunstancias y a lo largo de su vida, había experimentado.

Con frecuencia repetía una historia que intuyo dejó huellas en él. En tiempos en los que aún ejercía como colectivero, casi a punto de terminar su turno y de que el último pasajero del colectivo hubiera descendido, revisó el interior de este para asegurarse que nadie había quedado dormido en algún asiento. Apagó las luces interiores y emprendió marcha hasta el estacionamiento donde debía dejar el vehículo y así dar por finalizada su jornada laboral.
Sin embargo, al poco andar tuvo una sensación que lo llevó a encender nuevamente las luces internas y entonces ahí estaba ella. Una mujer mayor y toda vestida de negro sentada en uno de los asientos del colectivo. Con un poco de temor, atinó a preguntarle: ‘dónde se baja señora’, recibiendo como respuesta: ‘en la esquina’.
Una vez alcanzada esa esquina mi padre frenó, la mujer de negro descendió y desapareció misteriosamente”.
El Abanico
“El 18 de enero del año 2021, tuvo lugar un terremoto de mediana intensidad y con epicentro en la sierra Chica de Zonda, específicamente de La Rinconada, abarcando parte de los departamentos Zonda y Pocito.
En ese momento habitaba aún en la casona de adobe de la finca ubicada en calle 14 y callejón Sancasani, El Abanico. Esa misma casona había soportado en pie un movimiento telúrico de similar intensidad, ocurrido en junio de 1952 con epicentro en el mismo lugar.
Si bien lo ocurrido en esta zona en el año 1952 solo fue considerado como un temblor grande por el resto de los sanjuaninos, que venían de atravesar el devastador terremoto de 1944, dicho movimiento fue importante para los habitantes locales.
Según se comenta en la zona, sin precisión de datos debido a que la familia no habla de lo ocurrido, falleció en la casona una pequeña por inhalación de polvo y tierra ocasionado por la acción del referido terremoto.
Luego de ese evento, la vivienda fue reparada y mejorada, incluidas las vigas de sus techos, y muchos años después fue adquirida por mí. Durante los años en que habité en El Abanico cada noche y sin excepción, al momento de dormir recibí la compañía de un espíritu que se colocaba a los pies de la cama, y a veces hasta sobre mis pies.
Tuve siempre la sensación de que este ser cuidada de mis sueños. Aquella noche de enero de 2021, un remesón previo me despertó. Recuerdo que estaba medio dormido y que había energía eléctrica cuando todo empezó a moverse con furia.
Las alacenas se abrieron y todo su contenido quedó esparcido por el piso hechos añicos, los cuadros se descolgaron, los televisores cayeron desde su sitio y todo El Abanico se quedó sin luz.
En medio de la oscuridad y del caos, ese ser que durante años veló mis sueños fue quien guio mi recorrido por la habitación a través del patio o corredor hasta la ventana por la cual saltando salí.
En ese trayecto, por primera vez vi la imagen desde atrás de mi compañera, era una mujer entrada en años con piernas más bien rellenitas con un vestido de fondo blanco con flores azules.
No hay día en que no piense en esa ayuda que recibí esa noche, la de ese espíritu noble que fue mi guía. Tampoco hay día en que no me pregunte el por qué esa alma aún no llegó a su destino final. ¿Habré sido yo quien la retuvo en este plano?. Si fue así, no me queda más que pedir disculpas y orar por ella para que recorra su camino”.
Como acotación señalo que en la zona de El Abanico más de 50 familias se quedaron sin vivienda, y en mi caso particular, aún hoy sigo encarando la reconstrucción y reparación de lo que se perdió en mi propiedad.
Lo que aclaró
A modo de prólogo, Peres advirtió que las letras no son lo suyo pero “consciente de cada una de las limitaciones trataré de plasmar en estas páginas una serie de eventos sucedidos a lo largo de mi vida”.
Desde chico el pocitano mostró facilidad para escribir: a los 17 años escribió la letra y música de la «Zamba de la Independencia». Después de “El más allá”, prepara su segundo libro titulado «Vivencias y añoranzas», que recopila historias de amigos de la infancia y aspectos del turismo pocitano, sitios históricos, producción y leyendas.
