“Con una escoba de pichanilla / Una chinita barriendo el patio / Y sobre el nogal centenario ya / Se oye un chalchalero que ensaya su canto”, cantan los versos de “Paisaje de Catamarca”.
La pichana o pichanilla es una planta autóctona que desde tiempos remotos se usa para fabricar escobas. En San Juan se puede encontrar en zonas más salitrosas, sobre todo en los departamentos Sarmiento y 25 de Mayo; pero también en el noroeste.
En el país, esta especie se encuentra en Catamarca, La Rioja, San Luis, Mendoza, La Pampa, Córdoba, Santiago del Estero y Tucumán.

En la página web de la Reserva Ecológica Los Corbalanes (Santiago del Estero), señalan que «pichana» es un nombre quechua que proviene del verbo “picha-nay” que significa barrer, limpiar, purificar.
La información publicada por Parques Nacionales de Argentina, dice que el nombre científico de la pichana es Senna aphylla, un arbusto de 40 a 60 cm de altura que posee tallos muy ramificados de color verde claro y una floración llamativa durante la primavera.
Justamente son esas flores las que hacen que algunos la confundan con la retama que es otra planta autóctona.
La planta puede alcanzar entre 40 y 160 cm de altura y no tiene hojas verdaderas, sus tallos son los que realizan la fotosíntesis.

Las ramas más tiernas, verdes y flexibles, son muy aromáticas y la sustancia que origina su olor actúa como repelente de mosquitos.
Se utiliza para la confección de escobas por las capacidades elásticas de sus ramas, señalan.
La pichana seca también se usa como material de construcción en la elaboración de chorizos de adobe, en los techos y para levantar paredes en forma de cercos que luego son cubiertos con barro.
La belleza que aporta en su época de floración la convirtió en una de las preferidas para el diseño de jardines. Sus flores amarillas y abundantes que aparecen de septiembre a abril, tienen un olor desagradable que ahuyenta insectos.
Además, los habitantes rurales conocían su usos medicinal, su decocción se empleaba como desinfectante y era usada también para teñir lana en tonalidades verde amarillentas.
Sus cenizas se utilizaban como lejía y para acelerar la cocción del maíz o del trigo en platos tradicionales.
“La pichana es una planta interesante tanto por su valor ecológico como por sus aplicaciones prácticas en la vida rural de Argentina. Su adaptabilidad a condiciones difíciles la convierte en una especie valiosa para la restauración de paisajes y la conservación de la flora nativa”, señala Parques Nacionales.




