“Mientras existan retos y dificultades habrá personas dispuestas a superarlos, algunos los llaman cumbres o cimas, algunos lo llaman vivir”, escribió Federico Cantoni en el primer capítulo de su libro “El Guía y El Baqueano – Guía Vivencial del Montañismo” que acaba de presentar, pero que escribió hace 14 años.

“Este es un libro que escribí en el año 2012 como cumbre de mí actividad como andinista. Escalé varias paredes y subí muchas montañas, ninguna era marketinera, es decir, ni la más alta, ni la más difícil. Hice cerros lindos, cerros aislados, paredes desconocidas, cerros muy populares; y en un momento de mi vida hice un stop para ver cuál había sido mí logro más importante como montañista, me di cuenta que no había ninguna cumbre importante sino que había disfrutado al 100 % de todas las pequeñas cumbres y que había encontrado una filosofía detrás de eso lista para compartir”, contó Cantoni, descendiente de la familia que marcó la política y la vida de San Juan en la década de 1920 hasta la actualidad.
Federico Cantoni es Programador Universitario, Docente Informático del nivel Técnico Superior, pero siempre se conectó con la naturaleza, ya sea como Instructor de Navegación FAY N1 (Federación Argentina de Yatching); timonel PNA (Prefectura Naval Argentina), instructor de WingFoil WFO (Wing Foil Organización); incluso es Guía de Ecoturismo y Deportes Agrestes, Anfitrión Geoturístico (UNSJ), Monitor de Escalada Deportiva (Andino Mercedario) y Socorrista WFR.

Fue el formador de la primera escuela de escalada en muro en Ausonia y ayudó a crear los primeros muros de escalada deportiva del Club Andino Mercedario. Después abrió su empresa de turismo aventura llamada Barlovento Zonda, actualmente abocada a las experiencias náuticas en los diques de San Juan, combinadas con experiencia de Geoturismo y Bodegas www.barloventozonda.com.

Escalar la vida
El libro aporta parte de su aprendizaje y su historia, sus experiencias y su vínculo espiritual con las montañas, examinando los riesgos, los objetivos y la superación personal en entornos naturales.
Cantoni analiza los roles del montañista, el guía y el baqueano, destacando las diferencias en sus enfoques de liderazgo y conexión con el entorno.

Con reflexiones sobre el armado de la mochila, el compañero ideal y la elección del camino, el autor enseña que el verdadero valor de la montaña reside en el proceso del viaje y no solo en alcanzar una cumbre.
Pero también dedica unas páginas a examinar los peligros de la montaña, los temporales y cómo superar las adversidades extremas de esa naturaleza sirven para poner a prueba el carácter, transformar la mentalidad y superar los miedos internos. Un concepto que es parte del manual del montañista.
A través de sus relatos de expediciones y escaladas que lo tuvieron como protagonista, Cantoni concluye que la montaña funciona como una analogía de la vida misma, guiando a las personas hacia la autocomprensión, la sabiduría y el crecimiento espiritual.

Diferencias entre guía y baqueano
Un capítulo importante está dedicado a definir las diferencias entre guía y baqueano que se estructuran en torno a su origen, su tipo de conocimiento, su rol y la forma en que se relacionan con la montaña y sus seguidores.
Origen y formación: El guía es un profesional del montañismo formado técnica y académicamente, dedicado de manera laboral y espiritual a mostrar el mejor camino a quienes lo siguen.
El baqueano es una persona cuya propia vida cotidiana en el entorno de la montaña lo llevó a integrarse naturalmente a ese medio.

Forma de transmitir el conocimiento: El guía enseña de manera directa, orientando formalmente, respondiendo las preguntas de los montañistas y dando forma a sus experiencias.
El baqueano transmite sus enseñanzas de forma indirecta y solitaria; no dicta lecciones directas, sino que se aprende de él observando cómo resolvió sus propios problemas en la montaña.
Naturaleza del saber: El guía se apoya en un conocimiento técnico, estudiado y medible, teniendo una respuesta justificada y analizada para cada inconveniente.
El baqueano posee un saber de carácter empírico e intuitivo, basado en la vivencia directa del terreno y en la capacidad de leer huellas e indicios imperceptibles para el montañista común.
Compromiso y rol en la expedición: El guía asume un doble pacto (con la montaña y con sus seguidores) y trabaja formalmente para ayudar a que los montañistas alcancen la cumbre por mérito propio.
El baqueano responde a sus propios objetivos y, aunque en ocasiones puede desempeñarse como porteador o compañero de viaje, no ejerce la guía como una labor de enseñanza profesional grupal.
Actitud ante el riesgo y la tormenta: Ante un temporal, el guía confía en soluciones estudiadas y estructuradas para afrontar el problema.
El baqueano contempla la tormenta con un respeto profundo y busca eludirla anticipándose a sus movimientos mediante la prevención.

Las máximas del montañista
- Mientras que geográficamente la cumbre es la mayor altitud de una superficie, para el montañista es alcanzar su propio objetivo, aquel que se sitúa por encima de todos los demás.
- La cumbre es variable y no siempre coincide con la cima física de un cerro; por ejemplo, para una expedición la cumbre puede ser completar el cruce de la cordillera.
- La altura de una montaña no se mide por metros sino por la bienaventuranza que nos regala su cumbre.
- La cumbre se «construye» en la mente y en el proceso: Para hacer cumbre es imprescindible que la mente llegue primero: el hombre no ha llegado nunca donde su mente no lo ha llevado antes.
- Subir un cerro no es lo mismo que hacer cumbre: un montañista puede haber alcanzado la punta de decenas de cerros sin haber hecho cumbre verdaderamente si no existió consciencia del objetivo ni la certeza plena del logro.
- Aunque el guía oriente al equipo a definir su meta, la cumbre siempre debe alcanzarse por mérito propio.
- El «síndrome post-cumbre»: alcanzar la meta genera dos emociones contrapuestas: la felicidad plena del deber cumplido y una crisis por la repentina ausencia de objetivo. Cantoni lo compara con el día posterior a graduarse de la universidad, donde tras el festejo aparece la desorientación sobre qué rumbo tomar.
- La cima es el fin del camino y el principio de otro más largo.
- Equilibrio con el camino y la vivencia: la belleza de la cumbre no debe nublar el camino de regreso ni impedir el disfrute del trayecto mismo.
- El valor humano del recorrido: una cumbre compartida es doble cumbre.
“Algo importante es que a este libro lo escribí cuando no existía la IA, así que para mí como Informático eso tiene doble valor”, aseguró.

Acá podés descargar el libro https://drive.google.com/file/d/1qt_PtPVbyHry0YO_c-iyHsUOETV3zyTh/view?usp=drivesdk
