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Historias que nadie había contado en el libro “Punta del Agua, la tierra que fue nuestra”

No hay ni una huella para llegar en auto a Punta del Agua, localidad de Jáchal. Pero hace 100 años era un paraje próspero, hogar de 100 familias con escuela e iglesia propios.

El libro recién editado “Punta del Agua, la tierra que fue nuestra”, escrito por José Casas, Carlos Semorile y Cristian Mallea, cuenta la historia del “asombrosamente desconocido y extenso campo de la Punta del Agua, quizá el mayor latifundio de la provincia de San Juan”.

Según los autores, la mayoría de los sanjuaninos ignora que allí hubo un pueblo en donde nacieron, trabajaron, vivieron, lucharon y murieron cientos de personas.

Don Feliciano De Mallea, fundador del campo de la Punta del Agua en 1751, ilustrado por Cristian Mallea, su chozno, 275 años después.

“Desde la antigua historia colonial y la del capitán criollo Feliciano De Mallea en el s. XVIII, pasando por las luchas montoneras y la usurpación durante el siglo pasado, este libro trata de enmendar ese olvido a través de una rigurosa investigación histórica, reflexiones de escritores, luchadores y poetas, profusas ilustraciones, mapas y fotografías, más la historia privada de los Mallea y otras familias que habitaron aquellas travesías jachalleras, rescatada gracias al testimonio oral”.

El libro se compone de tres partes:

  1. Una historia documentada y completa del campo.
  2. Una serie de reflexiones sobre la heredad y el territorio.
  3. La historia de algunas de las familias de la Punta del Agua.

El campo de la Punta del Agua es inmenso, desproporcionado e impreciso: mucho más de medio millón de hectáreas. Una tierra casi despoblada y hoy improductiva que atraviesa toda la cuenca del Río Bermejo desde Jáchal hasta Caucete, pasando por Mogna, “increíblemente invisible, pero a la vez a la vista de todos”.

Mapa incluido en el libro con la traza del pueblo viejo de la Punta del Agua, existente durante al menos dos siglos.

Las cifras de su extensión que aportan los autores son esclarecedoras: en Punta del Agua caben más de 30 ciudades de Buenos Aires y 200 veces la ciudad de San Juan, abarcando un territorio que constituye una decimotercera parte de esta provincia cuyana.

“Dicha vastedad, entonces, nos da una idea de su importancia en términos geográficos y, potencialmente, económicos”.

Para corregir el vacío de esta tierra incógnita, José Casas se ocupa de develar su historia y las de sus sucesivas poblaciones, desde los antiguos pueblos originarios, pasando por el poblamiento de los primeros colonos españoles que llegaron allí, y continuando con sus descendientes criollos que los sucedieron en la posesión y que llegaron a hacer de la Punta del Agua el motivo mismo de su existencia campesina.

Entrando ya al siglo XX, la crónica, siempre hermanada al análisis de los diversos factores necesarios y concurrentes que van desde su apogeo a su caída, da cuenta de los sucesos que determinaron el despoblamiento progresivo de puntalagüinas y puntalagüinos que debieron abandonar la heredad ancestral por la malicia de los avorazados “dueños” de los extensísimos terrenos, hasta convertirlos en un desierto infecundo y estéril.

Los relatos de aquellos años son inseparables de la estirpe de los Mallea, una de las familias que estuvo desde siempre en Punta del Agua y que tiene en la figura de Amancio Mallea (tío de Cristian, el alma mater de este libro), un testimoniante indispensable para enlazar el lejano pasado y el doloroso presente de su tierra.

Pero la Punta del Agua también es la tierra que habitaron y amaron muchas otras familias que conformaron este pueblo, y cuyos descendientes se expresan aquí porque saben que la memoria es un territorio en disputa y que de allí no los desaloja nadie.

Por eso las invaluables fotos que ilustran estas páginas deben considerarse como otros testimonios arrancados al olvido merced a las gestiones de José Casas, de Cristian Mallea y de su primo Héctor Benítez, pero también como la expresión del amor que profesan por Punta del Agua todas y todos aquellos que alguna vez vivieron allí y que conservaron esas reliquias de un tiempo añorado entre las brumas del recuerdo.

Algo parecido puede decirse del mapa del pueblo que Cristian y su prima Alejandra reconstruyeron en base a la prodigiosa memoria de Amancio, y que constituye un incontrastable documento que llena el espacio dejado vacante por catastros que nunca existieron. Y como descreemos de fatalismos, todo en este libro apunta a la veracidad y la certeza, señalaron sus autores.  

Los textos de Carlos Semorile funcionan como otra crónica, en este caso la de los distintos avances y retrocesos que los autores debieron sortear desde 2013 a la fecha para poder hacer realidad este rescate de la Punta del Agua y su gente.  Por último, el impar texto final de Cristian Mallea resulta inusualmente bello, amoroso hasta en el más remoto de sus confines, poético y justo de genuina justicia esencial para con sus ancestros, con sus contemporáneos y para las generaciones de Malleas del porvenir.

En un momento en que la Argentina está atravesada por la innoble pretensión de extranjerizar sus tierras y recursos, el rescate de los paisanos que vivieron, soñaron y proyectaron sus vidas en la Punta del Agua, nos recuerda que, como escribió Eusebio Dojorti en 1948, “todo es nuestro bajo el cielo argentino”. Y así debe seguir siendo si de verdad nos importa ser una comunidad emancipada.   

Acerca de los autores

José Casas es sociólogo, escritor y poeta. Estudioso de los pueblos perdidos de San Juan, ha sido albañil, detenido político y aventurero siempre. Entre sus más de 25 libros están «El Gral. Felipe Varela y las ocupaciones de Jáchal 1867-1868», «Mogna, pueblo de la travesía»; el libro de poesía «Visión del camino de San Sebastián y de la caída en la tierra y en toda la tierra” (ilustrado por Mallea); y el libro digital «La Plaza de Jáchal, la historia de un pueblo». Vive entre Jáchal, San Juan y otros caminos.

Carlos Semorile, escritor y editor independiente. Autor del libro «Palabras Grávidas. La maternidad en la literatura» (Editorial Creavida, Buenos Aires, 2006). Como nieto de Olga Maestre y de Eusebio Dojorti, es recopilador de la obra de Buenaventura Luna a través de los libros «Olga y Eusebio, papeles resguardados al rescoldo del amor» (2006), «La Vida y la Libertad» (2007) y «El Canto Perdido y Los Manseros del Tulum» (2008), y asimismo como productor de los compactos «Buenaventura Luna, El Canto 2011, Perdido» (2008), «Zamba del Gaucho» (2009) y «Coplitas del Gaucho Pobre» (2009).

Administra el blog «Pensamiento Dojortiano» (buenaventuraluna.blogspot.com.ar), donde comparte y actualiza información sobre la obra de Dojorti. Asimismo, participa de los blogs El Cedroniano (dedicado al quehacer del Cuarteto Cedrón) y Nuestro Querer, que reúne a escritoras y escritores, de biografías diversas y distintas procedencias, en un fluido diálogo de reflexiones personales y colectivas.

Cristian Mallea: Los Mallea fundaron San Juan con Jufré en 1562, luego se afincaron en Jáchal en el s. XVIII y en los ’50 de Punta del Agua salió Ramón Mallea, cuyos restos descansan en Huaco y quien fuera el padre de este dibujante bonaerense que se siente y vive como un sanjuanino más. Ha publicado ilustraciones e historietas en Argentina, Chile, Brasil, México, Uruguay, EEUU, España, Reino Unido y Francia.

Fue el fundador del colectivo de historietas La Productora, publicó en la revista Fierro y fue elegido para hacer un episodio de El Eternauta. También ha trabajado en cine y animación pero ahora solo quiere dibujar los nuestro, gauchos y territorio.

Dirige la Escuela de Dibujo Zoppi que fundó en el 2000 y es también profesor en instituciones como la Universidad de Palermo o la Escuela de Arte Leopoldo Marechal.  Los tres crearon -junto a un puñado de luchadores sociales, escritores y artistas jachalleros- el Centro Cultural Jáchal La Montaña, colectivo que viene organizando muestras, encuentros y eventos de historia, arte visual y cultura jachallera desde 2018. Ediciones De La Montaña es el brazo editorial de este centro cultural de Jáchal.

El gran Hugo Chumbita dijo: “Las páginas de este libro coral son testimonio conmovedor de una fidelidad, un compromiso, la devoción al retazo terrenal en el que José, Carlos y Cristian han cifrado una prodigiosa señal de identidad. Un gran espacio en el que a lo largo de los años se conjugaron las sangres indígenas con las europeas y de otras vertientes, como para cimentar un pueblo”.

(Fuente: Ediciones De La Montaña)

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