La Difunta Correa y su origen en La Majadita

Difunta Correa

Los pobladores de La Majadita, localidad del departamento 9 de Julio, sostienen hoy lo que decían los abuelos de sus abuelos: la Difunta Correa vivió en la zona y salió desde allí, con su hijo en brazos, a buscar a su marido.

Saben que no hay documentos que acrediten esa historia, pero la repiten como parte de la herencia recibida, y también la creen.

La creen como los miles de devotos de todo el país que cada año llegan al santuario de Vallecito a pedir o a agradecer a la santa popular, a la “madre del que sufre”, los favores recibidos.

La historia relata que fueron unos arrieros los que encontraron a la Difunta Correa, ella estaba muerta pero su hijo seguía alimentándose de su pecho.

Difunta Correa

Lo que pocos saben es que ella habría nacido en La Majadita, localidad de 9 de Julio ubicada sobre la ruta 155, a 26 kilómetros de la Capital de San Juan.

Dicen que ese pueblo debe su nombre a que antiguamente era un vergel, un lugar donde llegaban las manadas de cabras a tomar agua y a pastar.

Hoy es un pueblo tranquilo que cuenta con una escuela, una unión vecinal, centro comunitario, y donde se sigue transmitiendo la historia de la Difuntita.

Nacido y criado en La Majadita, Porfilo Diman Balmaceda y su esposa Alicia Deolinda, relataron:

Extrabajador de Hidráulica, Porfilo lamentó que lo jubilaron con la mínima después de años de trabajo sacrificado, en los que tuvo que recorrer muchos kilómetros por día en bicicleta, ya que estaba encargado de los pozos de riego.

“Mi viejo sabía decir que ahí vivió la Difunta Correa”, aseguró uno los baluartes de La Majadita.

Aníbal Molina trabaja y vive en la finca La Majadita, la zona en la que dicen vivía la Difunta. “Mi padre decía que ella salió de acá, de esta zona”, aseguró.

Mientras que Eduardo Lucero no nació en este lugar, pero llegó a trabajar hace más de 20 años. “Dos Álamos y Paraguay, en esas calles decían que vivía”, señaló. Este es su relato.

La Difunta y un relato cercano

En el libro “La Difunta Correa” (1978), Susana Chertudi y Sara Newbery realizaron la primera investigación antropológica del tema. Allí rescataron una versión de la historia de la Difunta aparecida en el libro de Aldo Büntig “¿Magia, religión o cristianismo?”.

Este autor transcribió la información brindada a María Esther Fernández de Álvarez, colaboradora, por el profesor de Historia León Schapner, docente de la Universidad de Cuyo y de institutos de la Ciudad de San Juan.

“El testimonio más fidedigno que el citado Schapner pudo encontrar es la señora Gabriela Rodríguez de Farías, nacida el 17 de febrero de 1844 en el departamento de Santa Lucía.

La majadita
En el oxidado cartel puede adivinarse “La Majadita”, la zona donde ella vivió.

De sus labios escuchó el historiador en cuestión lo que se considera lo más aproximado a la ‘real historia’ que subyace a la leyenda de la Difunta Correa, a su vez la citada informante manifestó poseer los datos a través de su madre.

No se trata por tanto de datos de primera agua, proviene, empero, de quien dice haber sido contemporánea a los hechos que originaron la leyenda”.

Según esta fuente, la ‘real historia’ es la siguiente:

El verdadero nombre de la Difunta Correa era María Antonia y no Deolinda según lo popularizara el periodista Martos (Miguel) en su conocida obra de teatro. Habría nacido en La Majadita, departamento 9 de Julio, ignorándose la fecha exacta”.

Luego narra Büntig que en una de las fiestas familiares, comunes en la costumbre lugareña, conoce al joven Bustos, de allí surge un cariño que culmina en el matrimonio. Fruto de esta unión nació un niño varón.

“Padres y prole van a vivir a La Legua, departamento de Santa Lucía, aquí los conoció la madre de la informante mientras se dedicaban al comercio.

Baudilio
La leva se lleva a Baudilio Bustos. Imagen de la película Difunta Correa, de Mattar.

Desde aquí se trasladan a Villa Independencia en procura de una mejor situación económica, pero los avatares de la época romperían prematuramente las alegrías del idilio familiar”.

Desenlace

Continúa el relato: en 1829 Facundo Quiroga realiza la leva de gauchos para engrosar las filas de su montonera y en la primera quincena de noviembre de ese año, Bustos fue obligado a incorporarse a la tropa, no obstante estar enfermo de neumonía.

Por este motivo su mujer decide seguirlo para velar por su curación. Partió entonces con su burro y su niño pero en el trayecto se queda sin agua y muere el animal. Y mientras las fuerzas de Quiroga siguen avanzando, María Antonia sube a un pequeño peñasco y en ese lugar muere.

Ese lugar es Vallecito y el peñasco es donde se encuentra el oratorio con la imagen de la Difunta.

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Cuando por ese lugar pasaron unos arrieros escucharon al niño y buscándolo se encontraron “frente al insólito espectáculo de un infante que se alimenta en el seno de la madre muerta”.

 “Según la anciana Graciela Rodríguez de Farías, el pequeño fue llevado al hogar de las señoritas Medina poseedoras de un oratorio en La Legua. Estas bautizaron al niño con el nombre de Francisco Correa.

Aprende a leer y a escribir y se ocupa en la limpieza del oratorio de las citadas señoritas. Los hermanos mayores de la informante habrían compartido con él sus diversiones infantiles. Sin embargo la muerte estaba a su acecho y muere de neumonía a los 21 años”.

Pero esta es solo una versión, los relatos de la leyenda de la Difunta Correa tienen variaciones que se cuentan por decenas y fueron escritas por esta cronista bajo el título: “Primer estudio antropológico de Difunta Correa: 28 versiones de la historia”, publicado en Tiempo de San Juan.

Proyecto

En el año 2011, el entonces intendente de 9 de Julio, Walberto Allende, propuso crear un oratorio en la zona donde nació la Difunta Correa. La idea era construir un polo turístico, un nuevo punto en la ruta de la fe, pero la iniciativa no prosperó.

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(Foto de apertura de la película “Difunta Correa, la verdadera historia”).

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