Leyenda de las aguas de La Laja: de amor, locura y muerte

la laja

Una historia de amor, locura y muerte domina la trama de la leyenda de las aguas de La Laja, ubicadas en Albardón, que fueron un gran polo de atracción de las familias sanjuaninas hace décadas.

Allí se podían tomar baños de aguas que brotaban de los cerros cercanos con propiedades medicinales que curaban muchos males.

Pero también era un día de relax y esparcimiento para la familia, el momento de un asado y alguna travesura por esas lomas.

El origen de esas aguas curativas tiene su leyenda con protagonistas huarpes, como muchas otras leyendas de San Juan.

Esta versión que transcribimos fue publicada por la Biblioteca Popular San Martin Albardón.

Hace mucho tiempo, habitaba en esa zona una tribu huarpe cuya vida se desarrollaba con tranquilidad, rodeados de la belleza del espinillo de flores amarillas, la jarilla, el retamo, que proporcionaba buena leña para las fogatas.

El pájaro bobo, que daba fragancia al paisaje, el quillo, la pichana, y un poco más alejado, el algarrobo, con cuyo fruto preparaban el patay y la refrescante aloja.

El cacique de la tribu tenía una hermosa hija de nombre Tahué, que era prometida de un fuerte indio de la misma tribu de nombre Yehué.

Pero un día, un apuesto indio, hijo del cacique de una tribu vecina, conquistó a Tahué, quien se enamoró perdidamente y dejó de lado a su antiguo prometido.

Pero Yehué no estaba dispuesto a renunciar a ella fácilmente, la seguía y la vigilaba de cerca, muerto de celos.

Día tras día los enamorados se juntaban en secreto sin saber que Yehué los observaba de cerca, hasta que una tarde, mientras Tahué y su amante se despedían, el indio Yehué salió de su escondite y enloquecido los atacó y los mató con su hacha.

De amor, locura y muerte

Sin reparar en lo atroz de su acto, Yehué arrastró los cuerpos por el campo en una carrera desenfrenada, hasta llegar a unas lomas pedregosas y lampiñas.

Al cadáver del indio amante lo abandonó primero, pero al cadáver de Tahué lo llevó un poco más arriba y también lo dejó tirado sobre las piedras del cerro.

Yehué siguió caminando sin rumbo hasta que cayó muerto.

Los dioses huarpes hicieron brotar tres manantiales en los lugares donde quedaron los cuerpos.

Son estos manantiales, los tres picos de amor, locura y muerte, de donde nacen las tres corrientes que alimentan las termas de los baños de La Laja.

Otra versión de la leyenda fue publicada en el libro “Devociones y relatos míticos de San Juan”, de Edmundo Jorge Delgado.

“Los dioses huarpes, ante tan trágico final, hicieron brotar tres manantiales en el sitio en que se encontraban los cuerpos.

Son estas las tres vertientes que alimentan las termas de La Laja, siendo la que está ubicada más alta la de Yehué que eternamente vigila a las otras dos”.

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