Su mirada transmite una profunda tristeza y en la charla solo se pueden avizorar posibilidades, pero hay una que destaca: la obra de su padre “ya no vale nada”.
Miguel Ángel Sugo es hijo del escultor Miguel Ángel Sugo creador del monumento a Juan Jufré, a Federico Cantoni, el monumento al Cacique Pismanta, entre muchas otras obras. Desde que nació vio el sacrificio de su padre tallando piedras para obtener belleza, con frío, calor, hambre o sueño. El dolor del hijo se entiende.
Miguel es violinista, este 2026 cumplió 75 años, ya jubilado, después de haber sido durante 40 años parte de la Orquesta Sinfónica de la UNSJ. Dejó el violín por una tendinitis severa y varias veces operada, pero sigue siendo un analista feroz de la realidad argentina y sanjuanina.

Miguel nació un día antes de la inauguración del monumento a Juan Jufré, el 12 de junio de 1951, obra que trajo a su padre a San Juan en 1948 cuando trabajaba en Mendoza.
“Nací en condiciones muy humildes. Mi vieja, Gabriela Ciuk, era la gran administradora del hogar, era yugoslava y se vino con 20 años a ver a sus hermanos que estaban trabajando acá. Vinieron a fines del ‘38 con mi abuela en un viaje de 45 días en barco. Se iban a quedar seis meses pero comenzó la Segunda Guerra Mundial y mis tíos no las dejaron volver”, contó Sugo.

Su abuelo materno era de origen eslavo, la zona pertenecía al Imperio Austrohúngaro, así que su madre tenía ciudadanía austríaca, que luego pasó a ser italiana.
Ese abuelo murió atravesando un campo minado al volver del frente de batalla y dejó a la abuela sola con cinco hijos y una vaca. Esto los empujó a buscar otra vida a miles de kilómetros, en Argentina.
“Mis tíos tenían tres apellidos distintos porque cuando entraron al país el registro civil los cambiaba según lo que escuchaban”.
Su padre, el escultor, nació en un pueblo de Uruguay, sólo fue a la escuela hasta segundo grado, lo distinguió su pasión innata por la escultura. Buscando nuevos horizontes llegó a Mendoza, donde fue profesor de la Escuela de Artes de la UNCuyo.
Cuando ganó el concurso nacional para realizar el monumento a Jufré se vino a San Juan y acá conoció a su esposa, hermana de los dos yugoslavos que trabajaban con él.
“Dos de los obreros que tenía eran mis tíos, que lo veían a papá tan menesteroso, durmiendo en las plazas, que lo invitaron a comer un asado; ahí conoció a mi vieja”, dijo Sugo.

Una historia que le encanta contar a Miguel es la de la presencia del Mariscal Tito en San Juan, ya que, asegura, sus tíos lo vieron trabajando en la construcción de la Ruta 12, era el hombre que después lograría la transformación de Yugoslavia, acá amparado por Federico Cantoni.
Sugo y Ciuk tuvieron tres hijos: Miguel Ángel, Gabriela (falleció) y Selva.
“Mi viejo era de muy bajo perfil. De niño lo acompañaba en el taller y escuchábamos radio de Montevideo. Él me enseñó y me hizo participar en la fundición de uno de los sapitos de la plaza”, contó Miguel.
-Su papá estaría muy orgulloso de verlo tocar en la orquesta…
– Sí, disfrutaba de verme, aunque era callado, no decía mucho. Mi vieja me seguía llamando «Miguelito» cuando yo tenía 35 años. Ella nos exigía mucha disciplina.

La música y la vida
Tenía 8 años cuando Miguel tomó un violín por primera vez. ¿De dónde venía esa inclinación por la música? Hubiera sido esperable que se inclinara por las artes plásticas, era un niño cuando aprendió con su padre a cincelar y restaurar.
Lo que pocos saben es que la sangre yugoslava de su madre, Gabriela Ciuk, traía el gen de la música. Una prima de Gabriela, Lucy, era concertino destacada en la orquesta de Liubliana, Eslovenia.
“Mis viejos adoraban la música, siempre escuchábamos radio y yo iba mucho a conciertos. Yo empecé con el piano, con una señorita que me pegaba con una varillita de mimbre porque me gustaba improvisar. Luego mi viejo se hizo amigo de Vicente Constanza y empecé a estudiar violín a los 8 años”, contó.
La primera casa familiar estaba en la calle Aberastain 872 Sur. Tenía una casa de adobes y Sugo la compró con dinero ahorrado. En el terremoto del ‘52 se cayó parte de la casa y fue reconstruida.
“Fui a la escuela San Martín, donde me hacían bullying (dijo con un jijiji), me decían ‘Gordo’. Mi vieja estaba enamorada de Piriápolis en Uruguay y nos fuimos a vivir allá un año, en el ‘63. Fue una época de mucha humildad, cocinando con leña y sacando agua de un pozo. Allá terminé la primaria y empecé a adorar a Artigas”.

Después de un año la familia volvió a San Juan. Miguel entró al coro con Juan Petracchini mientras seguía estudiando violín; y en el ‘74 Constanza lo invitó a integrar la Orquesta Sinfónica.
Sus estudios musicales los terminó en la Universidad Nacional de San Juan. Sus profesores en violín fueron, además de Vicente Costanza, Humberto Carfi y Patricio Cádiz.
En 1983 fue integrante (segundo violín) del cuarteto de cuerdas “Sugo”, que había creado para dar rienda suelta a su creatividad y pasión. Esta formación le pavimentó el camino al exterior para su perfeccionamiento.
En Alemania realizó un curso en repertorio clásico para cuarteto de cuerdas, dictado por los integrantes del Cuarteto Amadeus, en la “Hochshule für Musik”.
En ese mismo año, el cuarteto de cuerdas Sugo fue becado por el gobierno alemán para participar del curso de “Interpretación de la música contemporánea”, dictado por los integrantes del Ensemble Modern de Alemania, en Buenos Aires.
“Con la creación de la Universidad se creó una escuela de música, una orquesta sinfónica y un coro que fue un milagro en Sudamérica. Estuve en la orquesta desde el 74 hasta el 2017. También me encanta componer música académica; gané dos becas a Alemania para composición”.

Fue Profesor Adjunto de la Cátedra de Violín del Departamento de Música de la Facultad de Filosofía Humanidades y Artes de la UNSJ, desde 1983 hasta 1993. En 1986 ganó este cargo por concurso.
También fue profesor asociado en la Cátedra de Conjunto Instrumental y en las cátedras de Talleres de Composición I y II.
“Con el cuarteto de cuerdas que armé tuvimos ocho años de vida y llegamos a tocar en Europa. También armé un grupo de música latinoamericana, Ensamble Contemporáneo Andino. Fui director de programación y logramos grabar discos importantes, como el del ‘98 que dirigió Fontela”.
Sugo compuso más de 60 obras, todas estrenadas en distintos momentos de su carrera.
Su obra CYC 526, estrenada en agosto de 2016 por la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de San Juan con la dirección de Emanuel Siffert, es material de estudio en “Semiología musical y orquestación” en la Universidad de las Artes (UNA) Bs. As. – Argentina.
No le gusta hablar de su vida privada por eso contó, rápidamente, que se casó con Estela Godoy en 1979 y tuvieron tres hijos: Gastón, Bruno y Gustavo. Con su segunda esposa, Alicia Garcés, tuvo a Sofía, que estudia Artes Plásticas.

El 29 de julio a la hora 21, en el aula magna de la FFHyA, con entrada gratuita, la Orquesta Sinfónica de la UNSJ estrenará la obra «Melancólicos & Vacuum», de Miguel Ángle Sugo.
Un crítico social
El café ya se había acabado hace rato pero la charla parecía no tener fin. Sugo aprovechó para realizar su descarnada crítica a la actual “decadencia cultural”, el impacto negativo de las redes sociales en la juventud y la falta de apoyo a la preservación del patrimonio artístico.
Para hacer lo propio con la obra que dejó su padre contó que estuvo restaurando algunas esculturas que quedaron en el taller y tratando de vender otras.
“Lo estoy haciendo a pulmón. En esta provincia tratás de vender una obra y te das cuenta de que no vale nada; en el museo me dicen que les interesa pero que no tienen plata para comprar. A mis 75 años me duele tener esas 60 obras de mi padre tiradas en la casa”.
Esto lo llevó a reflexionar sobre la importancia de rescatar la memoria histórica y la excelencia académica frente a la comercialización del arte.
– ¿Cuándo fue la última vez que tocó el violín?.
– No me acuerdo, porque la orquesta me daba de comer pero la pasión era el cuarteto de cuerdas. Siento que la Universidad ha fallado en su responsabilidad de promover el arte sofisticado y ha caído en lo puramente masivo.
Por eso siente que el silencio no es una opción y está dispuesto a aportar su bagaje y su criterio para quien quiera escuchar.
