San Martín

San Marín y Bolívar: lo que dejaron sus cartas

Éste documento, que considero fundamental para la historia argentina y para realidad sudamericana, y que a continuación transcribo, prueba que la mayoría de historiadores que redactaron e hicieron imprimir miles y miles de hojas de libros de texto educativos, la “historia oficial” para los alumnos del sistema educativo se instruyeran sobre nuestra historia de la Argentina nos dijeron que “nunca se sabrá que palabras tuvieron entre sí San Martín y Bolívar en la reunión que tuvieron en la ciudad de Guayaquil, actual Ecuador”.

Grave error por no leer o no creer en las palabras que Domingo Faustino Sarmiento, quien transcribió oportunamente la carta que San Martín le envió a Bolívar desde Lima el 29 de agosto de 1822.

Las palabras que se dijeron en dicha reunión textualmente no se pueden conocer, pero al leer la carta se infiere perfectamente cuáles fueron los temas y el contexto en el cual San Martín y Bolívar conversaron en su encuentro en esta ciudad, mostrando además la extraordinaria nobleza de nuestro Libertador: tan sabio, equilibrado como humano frente a Simón Bolívar.

Este documento fue extraído del libro “Vida de San Martín” escrito por Domingo Faustino Sarmiento, Editorial Claridad, desde el tercer párrafo de la página 73 hasta el quinto inclusive de la página 75. 

Carta de San Martín a Bolívar

Lima, 29 de agosto de 1822

“Excelentísimo Señor Libertador de Colombia, Simón Bolívar

Querido General: dije a Ud. en mi última del 23 del corriente, que, habiendo asumido el mando supremo de esta República con el fin de separar de él al débil e inepto Torre-Tagle, las atenciones que me rodeaban en aquel momento, no permitían escribir a Ud. con la extensión que deseaba: ahora, al verificarlo, no sólo lo haré con la franqueza de mi carácter, sino con la que exigen los grandes intereses de América.

Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra; desgraciadamente yo estoy firmemente convencido, o que Ud. no ha creído sincero ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, o que mi persona le es embarazosa. Las razones que Ud. me expuso de que su delicadeza no le permitiría jamás el mandarme, y aun en el caso de que esta dificultad pudiese ser vencida, estaba Ud. seguro de que el Congreso de Colombia no consentiría su separación de la República; permítame Ud. General, le diga que no me han parecido bien plausibles: la primera se refuta por sí misma, y la segunda estoy muy persuadido de que la menor insinuación de Ud. al Congreso sería acogida con unánime aprobación, con tanto más motivo cuanto se trata con la cooperación de Ud. y la del ejército de su mando, de finalizar en la presente campaña la lucha en que nos hallamos empeñados, y al alto honor que tanto Ud. como la República que preside, reportarían de su terminación.

No se haga usted ilusión, General, las noticias que Ud. tiene de las fuerzas realistas son equivocadas, ellas suben en lo alto y bajo Perú a más de 19.000 veteranos, las que se pueden reunir en el término de dos meses.

El ejército patriota, diezmado por las enfermedades, podrá cuando más, poner en línea a los 8.500 hombres, y de estos una gran parte reclutas: la división del Gral. Santa Cruz (cuyas bajas según me escribe este Gral. no han sido reemplazadas a pesar de sus reclamaciones), en su dilatada marcha por tierra, debe experimentar una pérdida considerable, y nada podría emprender en la presente campaña: la sola fuerza de 1.400 colombianos que Ud. envía será necesaria para mantener la guarnición del Callao y el orden en Lima; por consiguiente, sin el apoyo del ejército de su mando, la expedición que se prepara para Intermediarios, no podrá conseguir las grandes ventajas que debían esperarse, si no se llama la atención del enemigo por esta parte con fuerzas imponentes, y por consiguiente la lucha continuará por un tiempo indefinido; digo indefinido, porque estoy íntimamente convencido de que, sean cuales fueren las vicisitudes de la presente guerra, la Independencia de la América es irrevocable; pero también lo estoy, de que su prolongación causará la ruina de los pueblos, y es un deber sagrado para los hombres a quienes están confiados sus destinos, evitarla continuación de tamaños males.

En fin, Gral., mi partido está irrevocablemente tomado; para el 20 del mes entrante he convocado el primer congreso del Perú, y al siguiente día de su instalación, me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el único obstáculo que le impide a Ud. venir al Perú con el ejército de su mando; para mi hubiera sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la Independencia bajo las órdenes de un Gral. a quien la América del Sur debe su libertad; el destino lo dispone de otro modo, y es preciso conformarse.

No dudando que después de mi salida del Perú, el Gobierno que se establezca reclamará la activa cooperación de Colombia, y que Ud. no podrá negarse a tan justa petición, antes de partir remitiré a Ud. una nota de todos los jefes cuya conducta militar y privada puede serle de utilidad conocer.

El Gral. Arenales quedará encargado del mando de las fuerzas argentinas, su honradez, valor y conocimientos, estoy seguro lo harán acreedor a que Ud. le dispense toda consideración.

Nada le diré a Ud. sobre la reunión de Guayaquil a la República de Colombia; permítame Ud. Gral. le diga que creo no era a nosotros a quienes correspondía decidir sobre este importante asunto, concluida la guerra, los gobiernos respectivos lo hubieran tratado, sin los inconvenientes que en el día pueden resultar a los intereses de los nuevos Estados de Sud América.

He hablado con franqueza, Gral.; pero los sentimientos que expresa esta carta, quedarán sepultados en el más profundo silencio, si se traslucieran, los enemigos de nuestra libertad podrían prevalerse de ellos para perjudicarla y los intrigantes y ambiciosos para soplar la discordia.

Con el comandante Delgado, dador de ésta, remito a Ud. una escopeta, un par de pistolas y el caballo de paso que ofrecí a Ud. en Guayaquil; admita Gral. este recuerdo del primero de sus admiradores. Con estos sentimientos, y con los de desearle únicamente sea Ud. quien tenga la gloria de terminar la guerra de la Independencia de la América del Sur, se repite su afectísimo servidor”

                                                                                                            José de San Martín

Contexto histórico

La Campaña Libertadora de San Martín comenzó con el Ejército de Los Andes y el cruce de la cordillera en febrero de 1817; y la posterior liberación de Chile y de Perú de los españoles.

Los textos del historiador Felipe Pigna señalaron que mientras San Martín llevaba adelante su campaña desde el Sur el patriota venezolano Simón Bolívar lo venía haciendo desde el Norte.

El general Sucre, lugarteniente de Bolívar, solicitó ayuda a San Martín para su campaña en Ecuador. El general argentino le envió 1600 soldados que participaron victoriosamente en los combates de Riobamba y Pichincha, que garantizaron la rendición de Quito.

Finalmente los dos libertadores decidieron reunirse. La famosa entrevista de Guayaquil, en Ecuador, se realizó entre los días 26 y 27 de julio de 1822. Había entre ellos diferencias políticas y militares. Mientras San Martín era partidario de que cada pueblo liberado decidiera con libertad su futuro, Bolívar estaba interesado en controlar personalmente la evolución política de las nuevas repúblicas.

El otro tema polémico fue quién conduciría el nuevo ejército libertador que resultaría de la unión de las tropas comandadas por ambos. San Martín propuso que lo dirigiera Bolívar pero éste dijo que nunca podría tener a un general de la calidad y capacidad de San Martín como subordinado.

El general argentino tomó entonces una drástica decisión: retirarse de todos sus cargos, dejarle sus tropas a Bolívar y regresar a su país.

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