Anécdotas del under que inició el rock sanjuanino: Hugo Figueroa dixit

vereda

“En esta historia nosotros éramos como Drácula, nadie nos quería ver, nadie nos quería escuchar. Nos juntamos en el anfiteatro e hicimos una movida del under en San Juan donde había músicos increíbles”, relató Hugo Figueroa a Destino San Juan.

Hugo vive en Paraguay, se fue hace varios años de gira y se quedó allá.

Figueroa era muy rockero para los folcloristas y muy folclorista para los rockeros, pero fueron éstos últimos los que le abrieron las puertas.

En la década de 1960, el rock copaba el mundo. Argentina ya tenía buenos referentes de esa movida que seguían las tendencias y los ritmos ya consagrados. Sandro fue un precursor.

A principios de los ’70 había un movimiento importante de rock nacional y San Juan no se quedaría al margen.

En el relato de Figueroa, en septiembre del año 1976 se juntaron en un teatro muy chico de la villa América, ubicado en avenida Rawson antes de Cereceto, donde apenas entraban 100 personas.

Después de eso, organizaron algo más grande en el anfiteatro del auditorio Juan Victoria.

“Era gente que no tenía espacio ni en la televisión ni en la radio, había cero marketing. Todo lo hacíamos pegando carteles y con el de boca en boca. No teníamos apoyo de nadie y todo era a pulmón, a puras ganas.

Estaba el grupo Astral, que hacían rock pesado y algo de blues. Los Pléyade eran mis ídolos, ellos hicieron un rock sinfónico impresionante! Ahí estaba el Sordo Sarracina, Tito Oliva, Miguel Domeneghini y David Molina.

Pléyade logró un sonido muy importante sobre todo cuando sumaron a un violinista de Buenos Aires que había tocado en Europa, se llamaba Claudio Urbanski y llegaron a ser teloneros de León Gieco y de Serú Girán en Mendoza. Dicen que a Charly García le gustó tanto el grupo que les prestaron todos sus instrumentos”.

Te amo te odio dame más

En medio de la admiración, los Pléyade y los Vereda, el grupo creado por el Negro Figueroa, se miraban con recelo. “Teníamos una pica bárbara porque en un momento el Sordo Sarracina tocaba para ambos grupos y éramos River y Boca.

Ellos tenían más músicos que nosotros, pero nosotros teníamos poesía, y ellos hacían todo instrumental.

Una noche en el anfiteatro, Sarracina tocó con Vereda y con los Pléyades y nos aplaudieron a nosotros más que a ellos. Después se armó un despelote bárbaro. ¡Qué lindas anécdotas, todo es cien por ciento real esto!”.

El grupo Vereda estaba formado por Rulo Tejada, en el bajo; Rolando Lamela, en batería; el Negro Figueroa en segunda guitarra, voces y coros; y el Sordo Sarracina en la primera guitarra.

“Muchas de las composiciones eran mías Sarracina era el arreglador. A veces le pedía ayuda al Sordo para terminar algunas composiciones y otras veces el Sordo me consultaba a mí en algún arreglo”, contó Figueroa.

Vereda tuvo tres cantantes: primero el Negro Figueroa, luego fue Susana Castro y después Pepe Sarmiento.

“Cuando formamos Vereda, Sarracina y Mingo Sarmiento compraron una guitarra Avalon. Sarracina le hizo una lutería y le metió unos plásticos en el fondo para darle un eco, y usaba un pedal Flanger”.

En esa época venían músicos de Buenos Aires a tocar al anfiteatro y el Negro recuerda que varias veces vino Marciano Cantero (Horacio Eduardo Cantero Hernández), fallecido el 8 de septiembre de 2022.

“Era un tipo muy seco, ni simpático ni agrio, que ya pintaba para otra cosa. Llegaba de Mendoza en un autazo y se bajaba muy bien vestido, engominado y con zapatos lustrosos. El usaba una guitarra Ovation.

Él terminaba de tocar y se iba, era muy profesional pero dentro del rock era más comercial, nosotros éramos unos locos”.

Figueroa también recordó que cuando empezó a subirse a los escenarios lo hacía solo. “Cantaba covers de Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat, Víctor Heredia, algunos temas cuyanos y metía algún tema mío. Fui el primero en tocar folclore cuyano en los festivales de rock y salió bien.

Yo proponía otra cosa para el folklore, otra armonía, otra poesía. Lo mío era como música de protesta, pero era complicado porque estaban los militares en esa época, había que tener cuidado porque sabíamos que en todos lados había infiltrados”.

Otros destacados

De esa época se destacaban Daniel Giovenco, Mario Robledo, Rubén González, el Negro Juan Ortega, entre otros.

“Cada uno con su historia y sus cosas para contar eran muy originales. El negro Juan Ortega armó Grito Andino que era como música del altiplano.

Luis Solera que venía con sus cuecas de Ullum, Vicente Amarfil que era el que mejor equipado estaba cuando nosotros éramos un desastre y pedíamos guitarras prestadas para poder tocar.

Había personajes como el Pelo Ovalles que era iluminador y trajo la primera máquina de hacer humo a San Juan, que era muy cara en esa época. También trajo otras novedades de moda como las guitarras Ovation”.

“Carlos Romera tenía sus temas y a veces compartía con nosotros escenarios. Chichón Hernández armó Tótem y después vino el grupo La Gente, que fue el primero que grabó en Buenos Aires con David Lebón como productor.

El único estudio de grabación que había era el de Guillermo Saqui, gran músico, sonidista e iluminador que le hacía sonido a Alma y Vida.

Se quedó a vivir acá, armó un hermoso estudio de grabación y muchas cosas las inventó él. Ahí grababan todos los cuyanos. Guillermo era sonidista en el Auditorio, era un experto”.

En esas primeras épocas fue cuando Figueroa pudo cantar sus primeras canciones: “Tonadita”, “Primera soledad”, y “Hay un pueblo mi pueblo”.

“Escritores, pintores, todos participaban y venían porque San Juan todavía era una sociedad muy cerrada y en el folclore todo era muy tradicional”.

Hugo Figueroa
El Negro Figueroa en Paraguay.

Puros detalles

La primera guitarra eléctrica que se hizo en San Juan la hizo Carlitos Cortinez, y el primero que la usó fue el Sordo Sarracina con sus arreglos.

El Rulo Tejada tocaba el bajo en el grupo Astral, junto al Gordo Tony Berenguer y el Negro Juan, después con Giovenco formó un grupo que se llama Voyager y después, Clínica de Muñecas”.

“Rulo Tejada también tocó conmigo junto con Tito Astorga, hermano de Eduardo, que tocaba muy bien la flauta traversa, y junto a Roberto Benegas armamos “Negro Figueroa y su grupo”.

No teníamos forma de promocionarnos, el único que nos daba micrófono en la radio era Eduardo Astorga en Nacional. Teníamos amigos que nos hacían los carteles y diez días antes del espectáculo salíamos a pegarlos en las plazas y lugares de mayor tránsito.

Carlos Vargas nos hacía sonido y nos cobraba barato”, recordó Figueroa.

En épocas sin internet ni telefonía móvil, dependían de las revistas que llegaban de Buenos Aires para estar actualizados en lo que se refiere a la música rock.

“Leíamos las revistas Pelo y veníamos los programas de Juan Carlos Badía donde veíamos los instrumentos y las máquinas de los grupos de la época.

Me hiciste volver a mi juventud con todos estos hermosos recuerdos”, dijo quien hoy se reconoce como “uno de esos sobrevivientes, ahora tengo que hacer mil cosas para poder sobrevivir y seguir haciendo música”.

El Negro Figueroa es una de las figuritas indispensables en el álbum de la música sanjuanina.