Chilca, la “hierba mágica” de los presidentes

chilca

La anécdota de la “hierba mágica” que Evo Morales, entonces presidente de Bolivia, envió a Hugo Chávez, quien era presidente de Venezuela, para que curara una antigua dolencia, dio la vuelta al mundo y la chilca se hizo famosa.

Chávez declaró en mayo de 2011: “Gracias a Evo que me mandó la chilca, la hierba mágica. Me la he estado aplicando en cataplasma”. Por entonces, el expresidente de Venezuela, sufría dolores a causa de una vieja lesión de su época como paracaidista, según publicó el diario Página Siete de Bolivia.

Lo cierto es que la chilca ya era ampliamente conocida y usada por los nativos de Sudamérica, de donde es planta autóctona, abunda en Bolivia, Ecuador, Colombia, Argentina, Perú, Uruguay y Chile.

Su nombre científico es Baccharis latifolia, y sus nombres comunes: chilca, algodoncillo, chilca blanca, chilca negra, chilco blanco, chilco negro, chirca, chirco, gurrubo, y chilca rucia.

Sus propiedades medicinales incluyen la infusión de sus hojas para la diarrea verde de los niños. Sus hojas se aplican sobre fracturas óseas, para desinflamar y ayudar a la consolidación.

Chilca en cataplasma

Las hojas aplicadas en forma de cataplasma sirven para calmar los dolores reumáticos y de cintura, incluso también se la usa para afecciones bronquiales y pulmonares.

En el libro “Contribución a la historia geográfica de San Juan” (1917), Pedro Pascual Ramírez señaló que la chilca es un arbusto que sólo se cría en la orilla de los ríos, acequias y de los terrenos fértiles y húmedos.

“Su ceniza contiene mucha potasa y se la emplea en preparar baños contra las enfermedades reumáticas. La raíz cocida en agua y con ella lavarse enseguida la cabeza evita que el pelo se caiga y le da mayor vigor.

Mientras que la cocción de los tallos se emplea contra las enfermedades de la piel”.

También relató Ramírez que la chilca dulce es semejante pero su hoja es más lustrosa y amarillenta, y la infusión en té se usa en casos de cólicos.

“Las tejedoras del país la usan para teñir las lanas de amarillo, el sabor de la hoja es dulce y al tacto, pegajosa”, señalaba el autor sanjuanino.

Foto Página Siete

La chilca y la ciencia

El mencionado diario boliviano, publicó que un equipo multidisciplinario de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) desarrolló un medicamento en base a la chilca (Chilcaflan) con el que ganaron el Premio Plurinacional de Ciencias 2014.

“Científicos de las carreras de Biología, Química y Farmacia, después de cinco años de estudios y pruebas, lograron extraer los componentes químicos activos de la chilca e industrializarlos en una pomada.

Esa investigación fue la que obtuvo el primer lugar en la categoría Ciencias Agrícolas del Premio Plurinacional de Ciencia y Tecnología del Ministerio de Educación”.

Los investigadores pudieron aislar y estudiar los componentes activos de la planta. Sobre la base de bibliografía y pruebas concluyeron que los flabos (que tienen propiedades desinflamatorias) son abundantes en la chilca.

Según Ecured, las hojas de la chilca contienen galotaninos, aceite esencial, leucoantocianidinas, compuestos fenólicos, alcaloides, cumarinas, esteroides y triterpenos como la friedelina, lactonas sesquiterpénicas y flavonoides como quercetina, rutina.

Y su actividad farmacológica está activada por el extracto metanólico que inhibe la producción de especies reactivas de oxígeno. Extractos en hexano y diclorometano y en menor proporción extractos etanólico y acuoso de las partes aéreas, presentan actividad antiinflamatoria.

En el texto “Plantas vasculares de los bosques de Polylepis en los páramos de Oyacachi” (de Romoleroux, K., Cárate-Tandalla, D., Erler, R., Navarrete, H. 2019) señalan que “las hojas cocidas se usan para tratar hemorroides, reumatismos, golpes, torceduras, y en la desinfección de heridas”.

“En infusión o soasadas para tratar la diarrea, aliviar el dolor de cabeza y de muelas. La corteza se emplea para desinflamar hinchazones, limpiar el mal aire y curar el espanto.

La corteza contiene ácido resínico de propiedades repulsivas, gran emulsionante del caucho. La madera se emplea como leña y en la construcción”.

Otros saberes populares

Una vieja vendedora de yuyos dijo a los periodistas de Página Siete: “La compran para curar los dolores de huesos y de los músculos lastimados, pero también es buena para la artritis”.

Doña Rosario aportó una receta: “hay que hacer cataplasma, aplastar la hierba, mezclarla con coquita y alcohol y ponerla en un trapo negro sobre el lugar que duele”.

Y agregó: “todos saben que la chilca es buena para todos los dolores”.

La decocción de la chilca se emplea para el tratamiento de reumatismo, desórdenes hepáticos, tos, bronquitis, úlceras y en caso de parásitos intestinales. Externamente, la planta se emplea en forma de cataplasma para casos de luxaciones, heridas, dolores reumáticos y hematomas.

¿Cómo es la chilca?

Ecured señala que se trata de un árbol o arbusto de rápido crecimiento que puede alcanzar 2 metros de altura y hasta 3 de ancho, de aspecto glabro con ramas verticiliadas.

Las hojas, de 10 a 20 cm de largo, son elípticas u oblongo lanceoladas, enteras, acuminadas, coriáceas y brillantes, peciolo de unos 4 mm de largo.

La inflorescencia surge de las axilas de las ramas con numerosas flores pentámeras muy pequeñas, cáliz con dientes desiduos y pétalos blancos de forma abovada. El fruto es una cápsula ovoide. Las semillas son oblongas, con arilo blanco.

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