Pasó hambre y frío, perdió su trabajo en Mendoza, rompió un camión para trasladar las piedras y no le terminaron de pagar la obra en los plazos prometidos. Son sólo algunas de las vicisitudes que afrontó el escultor Miguel Ángel Sugo mientras realizaba el monumento a Juan Jufré. Pero también acá encontró a la compañera de su vida y San Juan lo abrazó para que no se vaya más.
San Juan, Argentina, fue fundada el 13 de junio de 1562 por Juan Jufré de Loayza Montesa como «San Juan de la Frontera».
Sugo, que era oriundo de Santo Domingo de Soriano, un pueblo de Uruguay, tenía 35 años cuando ganó el concurso nacional del Gobierno de San Juan durante la gobernación de Ruperto Godoy, para realizar el monumento a al fundador de la provincia en la plaza de Concepción.
Cuando se abrió el concurso, Sugo trabajaba en Mendoza. Se presentaron varios escultores, entre ellos Lorenzo Domínguez que era el jefe de Sugo, y cuando ganó el prouecto de Sugo, Domínguez se enojó y lo despidió de la Escuela de Artes de la UNCuyo, contó su hijo Miguel.
“Mi padre llegó con nada y se puso a trabajar en la plaza. Cómo lo habrán visto los policías de la comisaría que está cruzando la calle que le dijeron: ‘venga a dormir acá, le prestamos un calabozo, se toma unos mates en la mañana y se va’. Después montó campamento en la plaza con un toldo y trabajó ahí”, contó su hijo.

Sugo no conocía San Juan y tuvo que investigar qué materiales había y qué iba a usar. Una de las alternativas era el travertino de La Laja, pero no le pareció una piedra homogénea ya que puede presentar agujeros. Entonces buscó un mármol, usó dacitas y andesitas blanquecinas que sacó del Cerro Blanco de Zonda.
“Cuando trasladaron esos bloques sobrecargaron el camión y se rompió a mitad de camino. Mi padre tenía gran destreza con herramientas como gatos y rodillos de metal y madera”.
Hay una anécdota íntima en esta aventura artística, tres de los obreros que trabajaban con Sugo eran yugoslavos, los Cuk, Chuk y Ciuk, un apellido diferente para cada hermano porque así fueron mal registrados en su ingreso al país. Tres varones y una mujer. Un día invitaron a su casa a Sugo y ahí conoció a Gabriela Ciuk con quien se casó.

En el monumento a Jufré trabajó desde 1948 a 1951 que fue inaugurado el 13 de junio, día de la Fundación de San Juan. A la locura de los días antes de la inauguración, Sugo tuvo que sumar que estaba a punto de ser padre de su primer hijo, “andaban a las carreras con mi vieja”.
El 12 de junio, un día antes del Día D, nació Miguel, por eso Gabriela no estuvo presente en el acto.

Los detalles
“El diseño y toda la obra es íntegramente de Sugo, se discutió el emplazamiento y hacia dónde debía mirar Jufré, lo pusieron apuntando a la ciudad”, relató Miguel.
Jufré a caballo, la mujer y el niño simbolizan a la madre patria y el nativo de América. Lo que más hizo sufrir a Sugo fue que le sugirieron poner en piedra el acta de fundación de San Juan, “dicen que mi padre maldijo en cinco idiomas porque fue muy difícil”.
Miguel contó que una vez terminada la obra le pagaron el 60 %, le alcanzó para el pago a los obreros y el material, “Le quedó esa deuda que nunca le pagaron y en el año 2000 hubo resarcimiento económico que nunca se acercó a lo pactado”.
Por Decreto N°769/2019 el monumento de Juan Jufré fue declarado Monumento Histórico Nacional.

En el basamento de la obra se destacan grandes figuras en relieve, son escenas de la fundación con los huarpes.
La artista plástica Silvina Martínez escribió que “(…) las manos y la cabeza de don Miguel Ángel Sugo eran del artífice virtuoso de una creación, nunca del lisonjero que quería quedar bien con el dios de los que habían escrito la historia hispana de nuestra fundación. No obstante todo ello, aquel hombre y su corcel vivirán allí siempre”.
La obra de Sugo en San Juan fue prolífica: el monumento a Federico Cantoni, la balaustrada del exhotel Eva Perón, luego Sussex y hoy Legislatura Provincial; y en la reconstrucción de la iglesia de Desamparados se le pidió el diseño del altar y el friso exterior, entre muchas otras.
Sugo falleció en San Juan, el 16 de octubre de 2003.

Análisis de la obra (fragmento)
En sus redes sociales, Silvina Martínez publicó su análisis de esta obra de Sugo.

El monumento se organiza en cuatro grandes piezas:
1- Los pedestales de las dos esculturas.
2- La inmensa figura ecuestre que representa a Juan Jufré, caracterizado como una recia figura montada, cuyo equino se arquea olfateando la tierra descubierta y facilitando la visión completa del esbelto jinete, tallada en tres bloques ensamblados.

3- Un murete que lo respalda con un friso en alto relieve poco profundo, que exhibe esquemáticamente a conquistadores y aborígenes de la tierra del Tulum, los primeros empuñan herramientas que son símbolo de la conquista, el arado y el martillo, ante cuya diligencia los nativos se muestran extrañados.

4- Detrás del murete, una escultura de gran tamaño encarna a una madre y su hijo: la madre española que da su fruto a esta tierra. En el muro de fondo está esculpida en bajo relieve, el Acta de la Fundación de San Juan, tal como fue escrita en el documento original.
El escultor, de formación académica, da sin embargo, un paso adelante hacia la modernidad, sometiendo al monumento en general y a cada forma en particular a la depuración de sus líneas esenciales, dejando la huella de su subjetividad, pero sin abandonar los preceptos clásicos de belleza, decoro, equilibrio y unidad.

La armonía del conjunto, la pureza de los contornos, la solidez de las masas pétreas simplificadas, la economía de elementos decorativos secundarios y la calidad plástica del material elegido, confieren a la obra un gran interés dentro de la escultura monumental de su tiempo.


