Leyenda de los tres forasteros convertidos en piedra en el Tontal

hombres de piedra

La leyenda de los tres forasteros convertidos en piedra en el Tontal fue escrita por Margarita Mugnos de Escudero, una gran escritora sanjuanina y autora de la primera novela publicada por una mujer en la provincia.

Destino San Juan publicó otra de sus leyendas, la del rancho maldito, junto a una reseña biográfica de la autora.

Margarita Mugnos
Margarita Mugnos de Escudero

Reproducimos ahora la segunda, tal como ella la escribió.

“Esta historia tiene por escenario las primeras estribaciones del Tontal (Calingasta), serranías separadas por planicies pedregosas y secas, cubiertas de espinosos arbustos y de cactus que a la caída de la tarde abren en sus flores de seda llenando el aire de un delicadísimo perfume.

 Allí en lo alto de una Loma se divisaba erizarse hoy también tres columnas naturales rojizas, enhiestas semejando a lo lejos tres cuerpos humanos en actitud de avizorar.

Dícese que en épocas remotas existió entre esos cerros una laguna. Todos mentaban su existencia y tal vez ninguno la conocía.

La leyenda de maleficio a ella asociada, apartaba a todos de sus cercanías. La dueña de la Laguna era una hermosa doncella que vagaba día y noche por sus orillas. Algunos campesinos rezagados oían al anochecer cantos dulcísimos a lo lejos y con dificultad pudieron sustraerse a su hechizo.

Además se contaba que en las orillas del lago se amontonaban perlas maravillosas y riquezas inconcebibles. Y que sus aguas, que tenían la virtud de rejuvenecer y curar todos los males, estaban defendidas por una diabólica legión.

Forasteros y avaros

Sucedió que la fama de la laguna llegó hasta lejanas tierras y un día aparecieron en el lugar tres forasteros. El primero, joven y hermoso efebo, dijo: ‘yo conquistaré a la bella encantada del lago’. El segundo, un hombre gastado por la vida intensa, afirmó: ‘yo recobraré con esa fuente la juventud y la fuerza. Y agregó el tercero: ‘colmaré mi ambición, me haré dueño del ingente tesoro’.

Los paisanos, asustados de la temeridad de los viajeros, trataron de disuadirlos: nadie volvía del paraje encantado y hasta los animales que extraviados se internaban por esas quebradas desaparecían para siempre.

Pero los caminantes impertérritos se marcharon siguiendo el rastro de la ilusión. Nunca volvieron.

Cierto día, un campesino refirió que había descubierto tres columnas semejantes a figuras humanas en la cumbre del monte que cerraba el acceso a ese paraje y se creyó fuesen los tres aventureros petrificados por los genios de la laguna.

Con el tiempo la laguna se secó, quedando en el lugar un exiguo manantial al cual se atribuyen propiedades medicinales.

Sólo ha quedado incólume la leyenda de los viajeros temerarios, que buscando la dicha quedaron para siempre convertidos en piedra en la cima de un cerro, simbolizando la impotencia humana, la fatal impotencia del hombre que hace alarde de su poderío y no sabe conseguir la felicidad”.

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