Oscar “Tito” Damiani: geólogo de pasión inagotable por San Juan

Un problema en la vista hace que deba moverse con más cuidado que antes. Ha dejado de fumar hace unas semanas y la etapa de transición le provoca tos; tiene la sensación de que ahora que no fuma le falta más el aire que cuando fumaba (y seguramente se pregunta si realmente es beneficioso dejar de fumar). Tiene 67 años, se jubiló como profesor de la Universidad Nacional de San Juan y como investigador del Centro Regional de Aguas Subterráneas (CRAS), dependiente del Instituto Nacional del Agua (INA); pero no ha dejado su pasión: trabajar en el campo.

Oscar “Tito” Damiani es un geólogo sanjuanino que, como muchos otros hombres y mujeres, realiza un trabajo silencioso, poco conocido, pero que resulta imprescindible para San Juan. Y es parte de un grupo más selecto aún: el de los que aman tanto lo que hacen que no lo pueden dejar nunca.

Damiani trabajó con William Sill, el paleontólogo norteamericano clave en el desarrollo científico de Ischigualasto; también con Mariano Gambier, uno de los investigadores que más aportó al conocimiento de las culturas prehispánicas en San Juan. Hasta trabajó en la selva amazónica, analizando la calidad del agua, tema en el que se hizo experto.

Primero solo, y después con Alejandro García (arqueólogo y Doctor en Historia), Damiani investigó los sistemas de riego prehispánico; y siendo uno de los mayores referentes del tema en el país aseguró que en San Juan está el sistema hídrico prehispánico más importante de la Argentina.

“Estudiar geología fue la elección de una forma de vida más que de una profesión. Yo empecé ingeniería y me aburrí. En 1968 crearon la carrera de Geología, que el año pasado cumplió 50 años, y yo pertenezco al primer curso. Si no te gusta el campo, estar todo el día con calor y comer arena, no te dediques a la Geología”, recomendó Damiani.

Damiani con alumnas en trabajo de campo.

Ese primer grupo de geólogos tuvo la suerte de trabajar en un programa de Naciones Unidas con el Plan de Aguas Subterráneas para el Noroeste Argentino. Tito recordó que les entregaron una brújula y una foto de área, y les dieron 10 días para hacer un mapa geológico, ellos solos. “Eran  excelentes profesionales que nos hicieron aprender de una forma muy dura lo que era la profesión, pero hay que agradecérselo”, dijo.

Mientras empezaba sus primeros trabajos pagos, Tito se casó con Delia Tallant (en 1975) y tuvieron dos hijas, Belén y Cecilia. Delia fue quien lo “ayudó” a entrar en el mundo de la arqueología, es que ella estudiaba arte y revisando sus libros Tito encontró algo de arqueología europea. “Me llamó la atención y empecé a meterme de a poco para conocer el idioma que hablan los arqueólogos, porque una profesión no es nada más que conocer su idioma”.

Empezó a trabajar en San Juan, Mendoza, La Rioja y en todo el país. Un día salió de comisión perteneciendo al comité permanente de la provincia  y cuando volvió pertenecía a la Nación. “A veces no sabíamos dónde estábamos parados. Trabajé con personajes excelentes y otros muy nefastos”, señaló e hizo referencia a Mario De Marco Naón, quien era presidente del INA en la época de María Julia Alzogaray, y estuvo preso por corrupción.

También trabajó con William Sill, “fui el primer ayudante de William y esa fue una buena etapa. A veces era un poco aburrido don Sill, después cuando volví a leer el libro de Mormón me di cuenta que todo eso tenía que ver con su forma de vida, porque los mormones no toman alcohol, no toman café, no fuman. Con Sill hice paleontología hasta que llegó un momento que tenía que decidir: agua o fósiles, y me quedé con el agua”.

En 1996 formó parte de un equipo que debía medir la contaminación del Amazonas, en Brasil, proyecto financiado por el Banco Mundial. “Era duro trabajar ahí, cada noche celebrábamos estar vivos, era como estar en una película de Tarzán”. Estaban en la ciudad de Carajás, donde aún habita el pueblo indígena Karajás. Por entonces el pueblo estaba cercado con alambrado y tenía un horario de salida y entrada, pasado el cual los portones no se abrían por razones de seguridad.

“Muy cerca, había una aldea del siglo XII con  todas las miserias humanas y atraso total. Nosotros siempre íbamos custodiados por el ejército y no podíamos mostrar una cámara fotográfica porque éramos boleta, todo el mundo andaba armado. A mí lo primero que me pasaron cuando llegué fue un machete y un cañón de mano, y yo les dije: ‘no lo quiero, no lo voy a necesitar’; pero al otro día lo primero que me puse la cintura fue el revolver porque cuando me di cuenta dónde estaba, dije ‘yo a esto tengo que sobrevivir’. Ahí no podías matar un papagayo porque ibas preso, pero la vida de la gente no valía nada, era doloroso, tremendo, una experiencia muy dura”, contó Damiani.

Hasta que llegaron los canales

En 1995 contrataron a Damiani para que realice estudios previos a la obra de la presa hidroeléctrica Cuesta del Viento. “Caminando por ese campo me llamaron la atención estas formaciones y después me di cuenta que eran canales indígenas. Yo quería saber qué era aquello así que me puse a estudiar los sábados y domingos, y uno de esos días de observación me encontré con Mariano Gambier. Le conté lo que había visto y me ofreció que me fuera a trabajar con él al instituto y museo. Al año, me buscó y me llevó todos los papeles para que firmara y así ingresé a trabajar con él, abocado sólo al tema de los canales indígenas”, relató.

Antes de Damiani, estos canales habían sido identificados y nombrados pero fue él el primero en realizar una investigación científica de los mismos. “Es que nos dimos cuenta que no eran canalcitos, era un sistema de Irrigación integral, un sistema de producción donde se identifica, además de las perturbaciones hidráulicas y obras civiles, un manejo de más de 2000 años del agua, con conocimientos que llegaron de Ecuador, Perú y Bolivia, un manejo del agua que creo que los españoles no tenían”.

Dijo que San Juan tuvo una cultura del agua y una ética del agua que “hoy se ha perdido. Una muestra es que el 80 % de los antiguos baños termales ya no existen”.

Después de 6 años y de dejar completo el estudio, se fue del instituto conservando muy buen recuerdo de Gambier, con quien tuvo una buena relación. Ese trabajo (“Sistemas de riego prehispánico en el valle de Iglesia, San Juan”), fue publicado en una revista del CONICET. Después investigó el mismo tema en Zonda.

Entonces empezó a dar clases de Manejo de suelo  y recursos hídricos, en Biología, en la Facultad de Ciencias Exactas. Y cuando tenía edad de jubilarse ya contaba con 130 publicaciones en agua; 2 en paleontología y 20 en arqueología.

“Siempre digo que soy un agradecido de la vida, hacía lo que más me gustaba y encima me pagaban. Gracias a mi trabajo conocí los lugares más espectaculares, es lamentable que la gente no los conozca porque no tenemos infraestructura para llegar”.

Ahora su objetivo es armar un libro sobre riego indígena que reúna todo lo investigado en Angualasto, Iglesia, y los descubrimientos realizados en Zonda, “porque esas técnicas son aplicables al riego moderno”. “Yo lo que hago no lo cambio por nada. Hace poco tomé la decisión de dejar de fumar para poder seguir caminando”.

-¿Cuál de todos los trabajos que hizo le dio más satisfacciones?

-Todos. Soy geólogo y mi hobby es la arqueología. Soy feliz caminando por el campo, puedo ir 10 veces al mismo lugar y siempre veo cosas nuevas. Cuando haces lo que te gusta, no es trabajo.

Tito con su esposa, Delia Tallant.

Se dice de mí…

El arqueólogo Alejandro García  nació en Mendoza y en el 2003 se vino a San Juan a trabajar. Un día estaba en su casa cuando golpearon la puerta. Era Tito Damiani que sabía que García  estaba investigando acá y quiso conocerlo. “Una tarde cayó por mi casa en un Fiat azul que tenía y se presentó directamente, me dijo que le gustaba la arqueología y el trabajo de campo  y que me quería conocer y ver si podíamos hacer algo juntos. Desde ese día fuimos grandes amigos y algunas cosas pudimos hacer juntos en estos años”, contó García .

Dijo que Damiani es una persona “totalmente generosa, tiene cero egoísmo y una gran capacidad técnica en su trabajo con una visión impresionante”.

Con la mirada del que viene de otra provincia, García  dijo que siempre le llamó la atención que el resguardo del sistema de canales haya sido una preocupación de Damiani y no de otra gente que estaba más oficialmente metida en la arqueología, o de los organismos oficiales que se tendrían que haber encargado de eso.

Esa pasión por los canales prehispánicos hizo que se tomara ese trabajo como algo personal y procuró registrar todo lo que se pudiera destruir o perder. Gracias a eso, algunas cosas que hoy no están visibles se pueden conocer a través de los registros que tomó Damiani. “Su trabajo en el sistema de riego la Iglesia del Río Blanco es impresionante y lo replicó en Zonda”.

García  aseguró que para San Juan “Tito representa uno de esos personajes que hay que rescatar porque realmente hizo un gran esfuerzo, todo a pulmón, a veces sin ayuda de ningún tipo, solo para rescatar el patrimonio de su provincia. Eso tiene un valor trascendental porque esta gente es la que ayuda a que las cosas mejoren”.

García  sigue sorprendido por la memoria fotográfica de Tito. “Tiene un don extraordinario, él te puede hablar de un sitio y te lo puede describir para que vos llegues, te da todos los detalles, los árboles que vas a encontrar, las montañas que hay en el fondo y la roca que hay al costado del camino. Y cuando le preguntas cuándo visitó ese sitio, él te dice: ‘hace como 30 años’. Es inimaginable que después de tanto tiempo él pueda tener una visión tan clara de los lugares ya conocidos, realmente es impresionante. Y eso me ha pasado varias veces con él. Va por el camino y te va anticipando lo que vas a ver adelante y lo ves!”.

Un caminador incansable, una persona muy abierta que siempre está buscando nuevas interpretaciones, nuevas ideas para explicar algo y con una visión global de todo el conocimiento, también fueron elogios para Damiani. “Tiene una articulación de la visión de distintas disciplinas y es un ejemplo de lo que deberían ser los científicos que muchas veces están muy metidos en lo suyo. Esa idea de lo global es otro aspecto muy rescatable del trabajo de Tito”.

Y más. “Como persona es un tipo fantástico, directo, honesto, un amigo incondicional. Para mí es una alegría muy grande conocerlo y compartir cosas con él”, dijo García .

Desde el llano

En la charla uno se da cuenta que Damiani es lo que parece: un geólogo que sabe mucho de San Juan y un hombre atento a la mirada de los otros.

Dijo que la Tierra nos habla de manera diferente todos los días, que solo hay que tratar de entenderla y saber que escucharla. Que la incertidumbre es lo que te hace progresar y como nada es seguro tenés que estar siempre atento, buscando respuestas. Que la quietud es el camino a la extinción. “Por eso cuando veo la tierra erosionada, estos canales abandonados, las zonas de cultivo abandonadas, me pregunto si no estamos viendo nuestro futuro, debido al calentamiento global”.

Trabajar desde la ciencia pero con la gente ha sido su filosofía. “Es imprescindible trabajar con los saberes previos que tiene la gente, que tiene el conocimiento de los yuyos del campo, del agua, del clima. Y es hermoso trabajar así, ¿es un tema inclusivo? Claro! ellos no incluyen a nosotros, nos enseñan”.

Damiani en Zonda, explicando en Canal del Indio.

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