Esquivel

Primera exposición-homenaje dedicada a Eduardo Esquivel: La escritura del territorio

Habitar la tierra del interior de San Juan deja huellas imborrables, son las huellas que el artista Eduardo Esquivel buscaba plasmar en sus obras, el territorio, las cosas que el paisaje guarda. Por eso, la primera exposición – homenaje dedicada a Esquivel se llama “La escritura del territorio”.

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Eduardo Esquivel.

“Él miraba los paisajes y veía, por ejemplo, viejos rituales o viejas costumbres, antiguas marcas de otras culturas que han vivido en esos territorios. La pintura de Eduardo no hay que verla como una pintura de paisaje, sino como una pintura de territorio”, dijo Alberto Sánchez, curador de la exposición homenaje que se realizará el próximo 24 de abril en el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson.

La muestra forma parte del cronograma de festejos por los 90 años del museo, este primer bloque incluye la impresionante obra “Argentina”, del Grupo Mondongo; una muestra inédita del artista Max Gómez Canle, y una muestra de fotógrafos sanjuaninos contemporáneos.

Curador y amigo, Alberto Sánchez y la única obra de Esquivel que tiene el museo.

Para entender la obra de Esquivel, Sánchez explicó las diferencias entre paisaje y territorio. “El paisaje es como lo clásico de la pintura, un paisaje nevado, un paisaje de invierno o lo que sea. Pero la idea de territorio, en cambio, es ver mucho más allá de la imagen, ver su historia, sus costumbres, marcas de otras culturas”.

Esa visión es el foco de la obra de Esquivel, la huella de una comunidad en un espacio determinado.

El curador explicó que el museo viene trabajando sobre la idea de territorialidad desde hace varios años. Se hicieron muestras fuera del museo en departamentos alejados donde habitualmente no se hacían como Iglesia o Calingasta.

Se dictaron cursos y talleres de otros artistas en esos departamentos. “La idea de territorio está muy presente, así que lo de Eduardo, por su trabajo sobre el territorio, parece ser ideal para un año como este en el que el museo está proyectándose fuera de su núcleo principal”, señaló.

Amor pagano

¿Cuál es la tarea del curador?

“La pregunta es muy difícil porque depende de qué clase de curador sea es la clase de respuesta que te van a dar. No hay una sola respuesta. En mi caso particular, que lo aprendí con el curador Roberto Amigo —que fue curador del Museo Nacional durante 8 años y trabaja acá de modo permanente—, es que toda muestra debería tener un relato, organizar un relato a partir de las obras. Ese relato puede ser muy claro o puede estar escondido para que el espectador pueda descubrirlo, y eso se hace generando ejes narrativos”, explicó Sánchez.

El curador puede armar posibilidades narrativas o relatos dentro de la sala, relatos que cuentan las mismas obras.

El armado de la muestra de Esquivel es una tarea de varios pasos. Primero, los equipos de investigación del museo rastrean los lugares donde está su obra, colecciones privadas y  herederos. Se crea un archivo que luego entregan como documento para que el curador sepa de qué puede disponer.

“A veces conviene visitar esos lugares donde está la obra porque por ahí encontrás que tienen un dibujo, una carta o un pincel del artista. Esos objetos personales ayudan a que la gente entienda mejor su trabajo”, contó Sánchez.

El equipo de investigación ha reunido más de 20 obras, pero eso no significa que todas se vayan a exponer, “hay que ver el recorte que uno hace después en sala, dependiendo de los relatos y las dimensiones de las obras”.

Eduardo, el amigo

Para Alberto Sánchez no es una curaduría más, es que Esquivel fue compañero de facultad y amigo. “Eduardo no alcanzó a recibirse, pero fuimos compañeros con él y con Mario Pérez. Éramos amigos”.

Esa relación de muchos años le permitió acercar la figura de Esquivel, primero como adolescente rebelde que escuchaba mucho rock. Después como estudiante de Filosofía y luego de Artes Visuales. “Vivió cerca de la casa de mis padres en Trinidad y viví con él sus épocas de menor poder adquisitivo cuando éramos estudiantes”.

Por esa época, Esquivel mostraba su voluntad de pintar como fuera, “sacrificando cosas materiales para poder pintar. Después, él y Mario Pérez empezaron a presentarse a concursos; al principio sin resultados, pero luego obtuvieron premios importantes en los salones nacionales”.

Así conocieron a galeristas como la galería Praxis de Buenos Aires, que empezó a manejar su obra a nivel internacional. “Eduardo me contó que el cantante Bono, de U2, le compró una obra; así que sé que hay una obra suya en alguna casa en Inglaterra”.

Las personalidad de ambos artistas, Pérez y Esquivel, eran muy distintas. “Eduardo era más introvertido que Mario, por eso cuesta rescatar episodios de su vida privada. Con los años volvió a San Juan porque su familia tenía propiedades acá y sus padres se pusieron grandes. Jamás olvidó San Juan, de hecho, muchas de sus obras tienen que ver con la territorialidad sanjuanina”.

Según el análisis de Sánchez, Esquivel pasó de una pintura figurativa a una más expresionista y luego adquirió rasgos de abstracción, aunque nunca renunció del todo a la figuración. “Hizo experiencias como romper las telas y luego tejerlas al modo de los trabajos con cuero del campo. Creo que eran búsquedas de identidades territoriales”, dijo.

Esquivel hizo un pequeño retrato de Sánchez cuando eran compañeros, retrato que el curador ha conservado; “en términos históricos es valioso para ver cómo pintaba de estudiante”.

No es fácil saber a ciencia cierta la cantidad de obras que hizo Esquivel a lo largo de su vida porque tenía su taller en Buenos Aires, y debe haber vendido mucha obra a coleccionistas privados de la que no hay documentación.

BioEsquivel

El sitio artedelaargentina.com reseña que Eduardo Esquivel nació en San Juan en 1955 y vivió su infancia en Angualasto, departamento Iglesia, luego en San Juan.

Estudió Filosofía y Artes Plásticas en la Universidad Nacional de San Juan. En 1996 se instaló en Buenos Aires contratado por la Galería Praxis. Expuso individualmente en Praxis de Nueva York y de Buenos Aires y Galería Durban de Miami.

Concurrió al Salón Manuel Belgrano, Premio Universidad de Palermo, Premio Constantini, Museo de Arte Latinoamericano de Long Beach California, Palais de Glace, Universidad del Salvador, Centro Cultural de La Universidad Nacional del Nordeste, Expotrastienda, en Australia, Colombia y Venezuela.

Obtuvo Mención Especial en el Salón Vendimia de Mendoza en 1991, el Premio Ezequiel Leguina en el Salón Nacional de Mendoza en 1991, el Segundo Premio en el Salón Nacional de 1992 y el Primer Premio en 1997, el Premio Laura Barbará de Díaz en el Salón Nacional de Jujuy en 1993.

Logró el Segundo Premio en el Salón Nacional de San Juan en 1994, Mención de Honor del Salón de Arte Sacro de Tandil en 1994, Subsidio a la Creación Artística de la Fundación Antorchas en 1994, Gran Premio Pintura en el Salón Nacional ProArte de Córdoba en 1994, Tercer Premio en el Salón de Santa Fe en 1995, Segundo Premio en el Salón Nacional de San Luis en 1995.

Fue Mención de Pintura Fortabat en 1995, Segundo Premio en el Salón Universidad de San Juan en 1996, Segundo Premio en el Salón Nacional de Salta en 1998 y Premio Trabucco en 2006.

“Artista que regresa una y otra vez a su natal Angualasto, a la expresión de la cultura Ansilta, para dejarse llevar inundado por la inmensidad circundante y nutrirse de la energía de las creaciones”, dijo Victoria Verlichak.

Eduardo Esquivel falleció en San Juan el 30 de marzo de 2019 dejando un legado invaluable para la cultura sanjuanina.

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