A la vista de todos y olvidada: la loma con las cenizas de los muertos en el terremoto del ‘44

En auto o en colectivo, para ir a Media Agua o a Mendoza, cientos de veces se bordea el cerro Valdivia transitando la Ruta Nacional 40, justo 40 kilómetros al sur de la Capital sanjuanina. Se ve la iglesia, la figura de una virgen en una gruta, quizás sea una santa, no se alcanza a ver bien a 100 kilómetros por hora.

Así, vista de pasada, vista pero ignorada, la loma lleva 73 años albergando las cenizas de miles de sanjuaninos que murieron en el terremoto de 1944. Casi nadie conoce su historia.

Ahora la Municipalidad de Pocito quiere poner en valor el sitio y transformarlo en un atractivo para el turismo que entra a la provincia desde el Sur. Existe un proyecto para la creación de un Geoparque y construcciones para convertir la zona en la entrada a Pocito, con un centro de interpretación donde se ofrezcan servicios e información al  turista.

En la primera lomada está la imagen de Santa Bárbara, patrona de Pocito; y a sus pies una placa de bronce  que dice: “Aquí están las cenizas de quienes murieron el 15 – 1- 1944. Recordación para ellos y gratitud del pueblo de San Juan a quienes nos ayudaron en esos días de dolor. 15 -1- 1969”.

Ascendiendo ese cerro hay un vía crucis y desde lo alto, el paisaje del valle pocitano es asombroso. Viñedos, olivares y huertas cultivadas forman mantos de verdes diversos. Desde allí, la Sierra Chica de Zonda aparece en otra dimensión, pero con todo su esplendor y magia.

En la lomada vecina, hacia el sur, está la iglesia Nuestra Señora del Tulum.

Es sorprendente la cantidad de gente que va a tomar mate, hacer trekking, o que simplemente sube a persignarse y saludar a Santa Bárbara. Sin embargo, el proyecto original contemplaba una obra faraónica que representaría el resurgimiento de San Juan después del devastador terremoto.

Proyecto Monumento Votivo

El 16 de enero de 1947, el diario Tribuna de San Juan publicaba: “En el cerrillo Valdivia, distrito de Carpintería, tuvo lugar una sencilla ceremonia con motivo de la colocación y bendición de la piedra básica del Templo Votivo que se levantará en el lugar como homenaje a las víctimas del terremoto del 15 de enero de 1944”.

Tribuna, 16 de enero de 1947

En un folleto de la época se anunciaba: “Se levantará en el cerro Valdivia, junto a él, y para que custodie la Virgen se guardarán las cenizas de las víctimas del terremoto, sobre el dolor y la esperanza, en el corazón de la Madre y Madre de Dios, reina de los mundos, consuelo para el dolor y coronación de toda esperanza”.

Luego señalaba el folleto que dicho templo “será digno de la espiritualidad del pueblo sanjuanino donde la oración podrá elevarse en perpetua adoración a Dios Nuestro Señor, sobre la nueva ciudad de San Juan, más bella y más cristiana que la que perdimos. Surgirá radiante como la aurora el Corazón de María”.

En el libro “Hitos y procesos en la historia contemporánea de San Juan 1944 – 1977” (Hugo Basualdo, Graciela Gómez, Rosa Ferrer y Gladys Miranda), aparecen las referencias al megaproyecto para recordar a los muertos del terremoto. La herida de la catástrofe estaba fresca aún, en el ’47, y todos los sobrevivientes querían algo monumental, algo que hiciera que jamás se olvidara esa desgracia que aunaba todas las almas.

“Se construiría un Templo Votivo el cual recordaría la catástrofe. El lugar de emplazamiento se lo pensó originariamente en la Ciudad de San Juan y otro en el Cerrillo Valdivia. En este templo, y para que la Virgen lo custodie, se guardarán las cenizas de las víctimas que cayeron en la noche del 15 de enero, son cenizas de millares de cadáveres que por fuerza de las circunstancias fueron quemadas”.

“La obra era faraónica y se terminó haciendo lo que se pudo”, se dijo años después sobre el Templo Votivo de San Juan.

El 15 de enero de 1947, a los tres años del terremoto, tuvo lugar en el Cerrillo Valdivia de Carpintería, la ceremonia de colocación y bendición de la piedra fundamental del Templo Votivo Nuestra Señora de Tulum.

La ceremonia estuvo a cargo del Arzobispo Monseñor Audino Rodríguez y Olmos y del Obispo auxiliar y vicario general, Monseñor Juan Zapata. Autoridades provinciales y varias delegaciones llegaron al lugar para el emotivo acto y la bendición de la piedra fundamental que fue extraída de las minas existentes en el lugar. “El basamento fue construido con ladrillos obtenidos de las ruinas de la Iglesia Catedral, iglesias San Agustín y Santo Domingo, significando con ello la unión del pueblo sanjuanino en la ofrenda a la Madre de Dios”.

Las cremaciones de los muertos

Es sabido, por la tradición oral y por los libros, que los muertos del terremoto del ’44 eran quemados para evitar la propagación de enfermedades. El cementerio de la Capital, a pesar de los daños que sufrió, prestó funciones de enterratorio. Hasta allí eran llevados los cadáveres recogidos para ser cremados, según contó Claudio Daniel Vera, profesor de Historia egresado de la Universidad Nacional de San Juan.

Para esta tarea se emplearon camiones y se tomaron “voluntarios” entre los sobrevivientes.

Vera se preguntaba sobre la existencia de algún lugar determinado donde se llevó a cabo la incineración. “Al parecer, en la última galería del fondo de la necrópolis se improvisó una fosa de 4 metros cuadrados y un par de metros de hondo, donde se iban acumulando las cenizas. Los testimonios sostienen que la ceniza se acumuló a montones, tanto que hasta llegó a formar una especie de pirámide”.

Pero no todos los cadáveres se trasladaron al cementerio. En algunos casos, habían pasado muchos días y el estado de descomposición hacía imposible levantarlos. Entonces se los cremaba in situ, con materiales tomados de las mismas viviendas donde se encontraban.

Como medida complementaria, se colocaron urnas o cajas en algunas esquinas para el depósito de las cenizas de algún cadáver cremado en el lugar, que después era llevada al cementerio.

La mayor parte de esas cenizas fueron trasladadas al cerro Valdivia y tapadas con tierra.

Sobre el “Cerrillo”

El cerro Valdivia es para todos simplemente “el Cerrillo”. Los primeros y más serios estudios sobre su geología los realizó  Blas V. Alascio, en 1938: “Observaciones geológicas en el Cerro Valdivia, Sud de San Juan”.

En ese estudio señalaba que el cerro Valdivia es una pequeña elevación constituida por rocas cristalinas y semicristalinas, características de las Sierras Pampeanas; y junto con el Pie de Palo y otras elevaciones occidentales, forman parte de una ancha zona de fuertes movimientos tectónicos, ocurridos con anterioridad a los movimientos del Paleozoico superior de la Precordillera.

Imagen publicada en el documento de Blas V. Alascio

“Su paisaje guarda en sus rocas precámbricas, la historia de los distintos procesos geológicos que actuaron y actúan a lo largo de la formación de la Tierra, además de vestigios de habitantes primitivos denominados Industria de la Fortuna”.

Por otra parte, Mariano Gambier en su obra “Cerro Valdivia, los más antiguos cazadores y su paleomedio en el Valle del Río San Juan”, señalaba que el cerrillo es “un eslabón más de la cadena de yacimientos con industria tipo Fortuna (grupo de cazadores y recolectores) el cual se extiende latitudinalmente desde las costas del océano Pacífico, pasando por la provincia de San Juan, hasta las Sierras Pampeanas”. Gambier encontró en la zona miles de piezas líticas (herramientas de piedra fabricadas por los nativos) y ubica esas piezas cronológicamente entre 8.500 y 8.200 años atrás.

La Universidad Nacional de San Juan con el apoyo de la Municipalidad de Pocito, realizó un proyecto de extensión para la realización de un Geoparque ubicado en el Cerro Valdivia. Esto permitirá, además de crear un atractivo turístico, la creación de puestos de trabajo para las comunidades que viven en la zona.

Foto de 1938

El Geoparque propuesto constituirá un “aula a cielo abierto” para la enseñanza de la Ciencia de la Tierra donde además, se fomentará la concienciación, sensibilización e implicación de la comunidad educativa en temas de conservación y cuidado del patrimonio natural y cultural

La Licenciada en Turismo, Dinia Schimitter, destacó que un patrimonio geológico es un sitio donde se han resguardado procesos geológicos que dan origen a la Tierra, tienen un gran valor científico. “Los geoparques tienen patrimonio geológico que es necesario conservar y resguardar para generaciones futuras, pero además se agrega el patrimonio cultural e histórico de la zona y los custodios son las personas que habitan ese lugar. Ellos realizan distintas actividades fundamentalmente turísticas para hacer una zona sustentable.  Los geoparques trabajan sobre tres pilares: la protección, la educación y el turismo”.

La creación del “Geoparque Cerro Valdivia, una alternativa al turismo tradicional” fue impulsado desde el Instituto de Geología (INGEO) dependiente de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de San Juan.

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