Martínez

Juan Carlos Martínez, de los recitales de Charly García al paleoarte

“No bombardeen Buenos Aires…” cantaba Charly García en la cancha de Ferro en 1982 y sobre el final explotaban las bombas que por un cablecarril iban de un extremo a otro del escenario. El sanjuanino Juan Carlos Martínez fue uno de los hacedores de esa fastuosa escenografía salida de la cabeza de Renata Schussheim que dejó a todos con la garganta destruida de tanta ovación.

Hoy, después de 20 años de su regreso a San Juan, Martínez pasa sus días como paleoartista, pintando y creando figuras de comics para coleccionistas. La piecita/taller está repleta de dinosaurios (algunos muy famosos, como el Tiranosaurio o el Carnotauro). Sobre el tablero hay una figura gris de unos 35 centímetros, en proceso, fácil de reconocer, es el personaje de Bruce Willis en Sin City.

En el living tiene otra mesa de trabajo y caballete para pintar. Desde una mesa ratona, donde están las figuras terminadas, una Gatúbela curvilínea mira a través de su antifaz negro con ojos seductores.

Martínez puede hacer pequeñas figuras de 15 centímetros hasta dinosaurios de 17 metros de largo con un realismo sorprendente..

Juan Carlos, en su espacio de creación diaria.

Paleoarte es cualquier manifestación artística que intenta reconstruir o representar la vida prehistórica de acuerdo con el conocimiento y evidencias científicas en el momento de la creación de la obra.

Parece que fue hace siglos cuando armaba escenarios para los más grandes artistas del momento en la Capital Federal.

Había llegado a Buenos Aires con una valija llena de talento para el dibujo y la escenografía a fines de los ’70 de la mano de Juan Lepes (papá de Narda, la famosa cocinera). Por entonces Lepes era el más solicitado creador de arquitectura escenográfica de la época, y fue quien lo contrató para formar parte de su equipo de creativos y diseñadores. Allá no solo se ganaba muy bien, sino que había miles de posibilidades de hacer realidad los sueños.

Incluso la creación del mítico Paladium, la disco de los ricos y famosos propiedad de Lepes, fue lograda por el equipo creativo al que pertenecía Martínez. Paladium era centro de vanguardia y lugar de reunión de personajes como Alberto Olmedo, Mariana Nannis y Claudio Caniggia; Ricardo Darín, Guillermo Vilas, entre otras celebrities. En su escenario tocó Patricio y Rey y sus Redonditos de Ricota.

Martínez trabajó para los espectáculos de Roxette, Sting, Tina Turner, Nacha Guevara, Sui Generis, y muchos otros. “Fue una experiencia muy linda, haciendo trabajos muy importantes, los grandes recitales los hicimos casi todos”.

Después de trabajar para Lepes, Martínez montó su propio taller y trabajó para las agencias McCann Erickson, Gowland y Suárez, que tenían las cuentas de las marcas más importantes del país.

Se hizo muy amigo de Renata Schussheim (hay un cuadro de ella con dedicatoria en el living de la casa de Martínez), la gran artista que diseñaba todo para Charly García, “con ella hicimos el recital en Ferro que fue espectacular. También trabajé con Marta Minujín”.

Todas las figuras son obras de JC Martínez.

Allá, aprovechó para estudiar en la Escuela Argentina de Efectos Especiales, aprendizaje que le sirvió para ganar varios premios.

Todo había comenzado en 1972, en la primera Fiesta del Sol, creada por Guillermo Barrena Guzmán, entonces director de Turismo de la Provincia, y para quien Martínez trabajó cuando tenía 18 años.

Ese joven de bigote negro ya era un autodidacta que tenía todo lo necesario para triunfar: capacidad, ingenio y ganas de trabajar.

Uno de los monumentales prehistóricos de Martínez.
Infancia y más

El Martínez artista surgió en el Barrio Mallea, donde vivía la familia: papá Juan Carlos Martínez, mamá Aida Tomasa Páez y sus cuatro hijos. Papá Juan Carlos jugaba muy bien al fútbol y llegó a probarse en Boca y en River, y cuando volvía de Buenos Aires traía regalos a sus hijos, a Juan Carlos siempre le traía pinceles, pinturas y lápices para que pudiera desarrollar su talento innato.

Su madre también puso su granito de arena y lo mandó a la escuela de Bellas Artes que estaba frente al Parque de Mayo, cuando JC tendría unos 8 años. En esa época ya ganaba concursos de dibujo.

Nunca pude terminar la escuela secundaria porque mis padres se separaron, él se fue y mi madre quedó sola con cuatro hijos, quería estudiar arquitectura, pero no pude”, contó.

A Luisa, su esposa, la conoció de niño porque eran vecinos y además iban a la misma escuela en distintos turnos y se cruzaban en el camino. Como en los mejores doramas, nació un amor que perdura hasta hoy.

Juan Carlos y Luisa.

A los 18 años trabajaba en Turismo, a los 19 de casó con Luisa y unos años después, en una feria en La Rural en la que participaba la provincia, Juan Carlos (a cargo del stand) conoció a Lepes quien le pidió un friso pintado y reconoció de inmediato el talento sanjuanino. Le ofreció trabajo en Buenos Aires.

Fueron años difíciles porque ya estaba casado y con dos hijos, pero Lepes le pagaba el pasaje en avión para que visitara a su familia casi todas las semanas. Así pasaron cinco años, hasta que un día Luisa se subió a un colectivo con sus dos hijos y se presentó en la Capital del país dispuesta a quedarse con su marido. Y así fue.

Lepes les prestó una casa, antigua y enorme, donde vivieron muchos años hasta que pudieron comprar su propio departamento, a una cuadra de Plaza Italia.

“Me fui para no volver, pero la crisis de 2001 me hizo replantear todo. Perdimos el taller en Villa Crespo, el local de venta en Recoleta y dos departamentos, también nos habían robado un Renault 19 0KM y el auto de mi hermano. Entonces decidí volver a San Juan, cosa que concretamos en 2003 cuando vendimos el departamento donde vivíamos y con eso compramos esta casa”, relató.

Uno de los proyectos que Martínez diseñó para Turismo. Algunos no llegaron a concretarse.

A la paz de tus sembrados

“San Juan es San Juan” dice, y para un sanjuanino no hay muy mucho más que explicar.

Luisa no quería volver, allá había estudiado y era asistente de geriatría, trabajaba en un geriátrico y además era voluntaria en los hospitales, Durán, Fernández, y Gutiérrez. Pero terminó accediendo. Gastón, el hijo mayor, se quedó en Buenos Aires, y Abel se volvió con ellos.

Yo no podría vivir sin ella ni un solo día”, asegura JC.

Antes de volver, un amigo, Guido García, le propuso a Juan Carlos que presentara su CV en el Museo de Ciencias Naturales. Así continuaba el vínculo con los dinosaurios que había comenzado cuando con 18 años Martínez estuvo 15 días en Ischigualasto para realizar el primer relevamiento de la provincia con fines turísticos.

Gracias a su trabajo en el Museo pudo ser parte de la gira que comenzó en Japón con los dinosaurios sanjuaninos.

La publicación japonesa de la gira de los dinos sanjuaninos del MCN.

Después fue contratado por el Ministerio de Turismo de la Provincia y siguió sumando dinos de gran tamaño, obras impactantes que se colocaron en la peatonal frente a la Casa de Sarmiento. También realizó varios carruajes para la Fiesta Nacional del Sol.

Esqueleto de Lecensaurio, sobre Ruta 150, se trata del dinosaurio más grande que se encontró en San Juan, tiene 17 metros de largo por 5 de alto, instalado por el gran equipo de montaje del Museo de Ciencias Naturales y Ministerio de Turismo y Cultura. que dirigía Martínez.

La casa de la familia Martínez tiene las paredes atiborradas de arte, algunos son cuadros de artistas famosos que comparten pared con las obras de Juan Carlos, animales, paisajes y personas (muchos rostros de la familia).

Hay una mesa pletórica de figuras de conocidos personajes de comics que esperan ser vendidas a quien tenga interés.

Martínez trabaja todos los días en sus figuras y pinturas.

Y aunque Charly siga cantando que los dinosaurios van a desaparecer (otros dinosaurios), estos de Martínez, más cercanos e inofensivos, salidos un poco de los conocimientos paleontológicos y otro poco de la imaginación, siguen vigentes en una casa del barrio SMATA, en la Capital sanjuanina.

(Si te interesa comprar alguna obra de Juan Carlos, su contacto es 264-4114316)

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