Los Dávila, estirpe sanjuanina de grandes músicos

Dávila

Esta historia comienza con José Luis Dávila, un compositor y cantor cuya carrera musical nació en San Juan y pasó como una estrella fugaz por algunos escenarios porteños. O quizá comenzó antes, con su padre Evaristo, que con un don natural supo amenizar varias reuniones con su voz.

Su progenie hace honor al talento heredado y han sabido potenciarlo. De esa rama brillan con luz propia Alejandro Dávila, hijo de José Luis, guitarrista, docente y músico de la UNSJ, y sus hijos Natalia, Gabriel, Santiago y Federico, todos músicos e intérpretes.

José Luis nació en 1923, en la zona Bermejito, límite de Capital y Santa Lucia, San Juan; hijo de Evaristo Dávila y Virtudes Segovia.

Don Evaristo era un músico aficionado, cantaba folclore muy bien, se acompañaba con la guitarra y lo invitaban a cantar a todos lados, contó Alejandro, su nieto.

Mientras que José Luis, empezó en la música a los 20 años como cantante melódico de boleros, que era la música más popular de la época con grandes cantantes como Pedro Vargas. “Mi padre tenía una voz muy melodiosa, especial para el bolero”, dijo Alejandro.

José Luis Dávila, foto revista Folklore

Pero en la década del ’60, con el boom del folclore en el país, José Luis se volcó a este género.

“De su inicio como compositor tengo un recuerdo de niño, en una época en la que estuvo enfermo en cama y empezó a escribir poesías, pero pensando en ponerles música, sobre todo zamba, que es lo más parecido a lo melódico en el folclore”, relató Alejandro.

“El Recodo” fue su primera zamba, escrita en 1959.

Pero antes de intentar dedicarse a la música, José Luis fue maestro en escuelas nocturnas. Después fue locutor en radio Colón donde además tuvo un programa dedicado a la música folclórica.

Donde atiende Dios

En 1965 se fue a Buenos Aires para hacer conocer su música, y un año después lo siguió su familia, esposa y cuatro hijos. “Vivíamos todos en Buenos Aires, pero las cosas no eran fáciles y mi papá tenía que trabajar para mantenernos mientras trataba de abrirse camino con la música”, señaló su hijo. 

Allá, José Luis trabajó en una empresa de seguros y por las noches tenía actuaciones. No aguantaría mucho tiempo ese ritmo. Entonces, a fines de 1966 le ofrecieron un muy buen trabajo en San Juan y la familia emprendió el regreso. Entró en la primera planta de gas envasado de la provincia, Agipgas.

“Mi padre cantó hasta fines del ‘66 o principios del ‘67 como profesional, pero siempre siguió cantando. Falleció muy joven, a los 54 años, de un infarto”, contó Alejandro.

Con el título “Joven figura sanjuanina, José Luis Dávila”, la revista Folklore, de agosto de 1963, reseñaba que “el Festival Nacional del Folklore que se realiza anualmente en Cosquín conoció sus canciones, así fue como Edgar Di Fulvio quedó gratamente impresionado con una zamba que Dávila tituló “La del viento Zonda”.

Revista Folklore

También señalaba que con José Rodano compuso la cueca “La molienda e’ don Evaristo” inspirada en la vendimia casera que presenció en su niñez en el hogar paterno.

Luego relataba que después de escucharlo, Miguel Scaglia, representante de la prestigiosa firma grabadora Odeón, lo invitó a grabar y Dávila buscó guitarristas de acompañamiento que fueron: Cilas Manrique, Guillermo Puebla y Ramón Tejada.

“Luego de ser escuchada la grabación de prueba fue contratado para llevar al disco las siguientes composiciones: La amanecida, Guitarrero, Por el camino nuevo, Recordemos, El criollo sanjuanino, Quien te amaba ya se va, Sin razón; Guitarra, guitarra mía; Siembra de amor, La del Villicum, A mi terruño, y, Pero nada más”.

Su música, su filosofía

Ya instalado en Buenos Aires, la misma revista lo entrevistó y desnudó el pensamiento del músico y del hombre.

“Su inspiración la busca en la vida misma. Para él, no existe el pleito de viejos o nuevos estilos”, publicaba Folklore bajo el título “José Luis Dávila ató el cabestro en el folclore y con sus alforjas cuyanas se dirigió hacia la capital”.

“Las falsas innovaciones mueren solas. En cambio, hay gente como Cholo Aguirre, Jaime Dávalos, Eduardo Rodrigo y otros, que están en una labor de adecuación de elementos tradicionales con aportaciones nuevas, cosas que no deforman el mensaje esencial de la tierra y en cambio enriquecen nuestro folklore”, decía José Luis Dávila.

Otras frases que lo definían son: “Lo que importa es ser contemporáneo en lo que hacemos. El éxito es a veces muy caprichoso por lo tanto la obra del compositor necesita, además de su madurez natural, el factor suerte y también el factor amistad”.

En esa entrevista le pregunta el periodista:

– ¿Cuál es su mayor aspiración?

– Dar ese salto al que aludo, desde Buenos Aires.

– Y San Juan, ¿dónde quedó?

– Lo llevo conmigo, voy a volver a visitarlo y gustaré de aquello que realmente es mío.

Otro destacado músico y compositor sanjuanino, Raúl de la Torre, escribió: “Fue un fenómeno del momento; una voz bien timbrada y dulce, guitarras notoriamente cuyanas y la originalidad de su producción cautivaron especialmente al público de Cuyo”.

“José Luis fue un hombre afable, luchador que amó el arte regional, un precursor de un singular modo expresivo de la zamba. Dejó una familia dedicada dignamente al arte y la marca triunfal de su paso brillante por la vida de la música” (Diario de Cuyo, 14 de marzo de 2021).

Los hijos y los nietos

De los cuatro hijos que tuvo José Luis, Alejando es el único que se dedicó a la música profesionalmente, pero, aclara, todos los hermanos tienen relación con la música. “Mi hermano toca y canta, es muy habilidoso, y mis dos hermanas cantan muy bien, una cantó en el Coro Universitario, y la más chica también canta muy bien”.

Sobre su talento heredado, Alejandro lo asume con naturalidad. “Esto es un legado. Yo vivía en un ambiente musical porque mi mamá era concertista de piano así que tuve ambas influencias, de la música clásica y el folclore.

Mi madre dio un solo concierto en su vida, pero siempre tocó el piano. Ella nos acostaba y se ponía a tocar el piano y todas las noches escuchábamos mucha música clásica”.

Luego comentó que estudió la carrera de Música porque su padre siempre los estimuló para que tuvieran “una herramienta para poder sobrevivir, supongo, en el intento de que no repitiéramos su historia de carencias económicas”.

“Mi padre la pasó muy ajustado siempre, nunca logró lo que él quería con la música”, aseguró Alejandro.

En su caso, además de su madre, tuvo a otro gran maestro: Eduardo Falú y sus discos de pasta de 78 revoluciones. “Fue el primer guitarrista que escuché como solista, me pasé horas escuchándolo y a partir de ahí sentí un profundo amor por la guitarra y el folclore”.

Todo estaba cantado. Apenas pudo empezó a estudiar guitarra, primero con Domingo Carbajal que era el único que enseñaba guitarra clásica en San Juan. Después se creó el Instituto y la Universidad Nacional de San Juan y el Profesorado de Música, ingresó ahí donde hizo su carrera.

“Ahora estoy jubilado. Me dedico a estudiar la guitarra cuando tengo ganas”.

En los genes

Alejandro tiene cuatro hijos, todos músicos. “Naty tiene una memoria auditiva excepcional, un talento natural, canta muy bien.

Gabriel hizo una grabación visual auditiva muy interesante y Santiago también, los dos se dedican a la música popular, más relacionada con rock y alternativa”, contó.

En 2021, Gabriel presentó el álbum de su banda “Los Ladrones del Amanecer”. Una banda que estuvo producida por Martin Ferres en sus inicios. Todos los temas son de Gabriel.

Santiago, además de realizar presentaciones como solista, formó la banda Budda, hacen temas propios y covers. Estudió Producción Musical en Buenos Aires y allá creó Curcumina.

Mientras que el más chico, Federico, estudia doctorado en Astronomía en Córdoba, pero las estrellas no lo alejan de la música: toca el piano, la guitarra y el violonchelo, “como autodidacta porque tomó muy pocas clases, pero aprendió a leer música”, dijo su padre.

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Naty dice que ella no toca ningún instrumento, pero canta como una ninfa del valle.

Jubilado, si; alejado de la guitarra, jamás. Este año, Alejandro planea hacer radio, según dijo es el medio por el cual es más fácil difundir su música, “es más accesible que el concierto en vivo y además llega a mucha más gente”.