¿Por qué nunca se explotó el carbón de San Juan?

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Aún en épocas en las que el carbón era considerado uno de los principales combustibles de la industria y de la locomoción, la existencia de yacimientos de carbón en San Juan no se tradujo en su explotación a escala industrial, ni en ventajas económicas para la provincia, ¿por qué?

“El carbón de piedra que tanto abunda, particularmente en la especie llamada lignita, forma zonas de leguas en algunas partes de Jáchal, Mogna, Huaco, y especialmente en Marayes, a 25 leguas al noreste de la ciudad de San Juan”, reseñó el primer historiador de la provincia, Nicanor Larraín, en el libro “El País de Cuyo” (1872).

Si bien se tenía conocimiento de la existencia de estos yacimientos de carbón, estos nunca fueron explotados industrialmente.

Larraín narró que durante el gobierno de del Carril, por decreto de octubre 7 de 1871, se comisionó al ingeniero francés Octavio Nicour para que inicie un estudio del terreno hullero (de hulla, un tipo de carbón bituminoso).

Nicour presentó su informe en el que aseguraba que “sólo la parte estudiada tenía una extensión de 8 leguas de largo y 4 de ancho y sus condiciones de explotación eran inmejorables por la naturaleza del terreno y la buena condición de los caminos”.

Agregaba que las capas examinadas eran de un valor y calidad tal que permitían una explotación provechosa “con pocas obras y los medios más comunes”.

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Un estudio más reciente

En 1928, N.A. Lannefors publicaba un informe de 12 páginas denominado “Las minas de carbón de Marayes”, a pedido del Ministerio de Agricultura de la Nación, Dirección General de Minas.

Allí el investigador señalaba que 60 años antes se habían realizado en distintas épocas trabajos mineros en la cuenca de Marayes “con el fin de reconocer y explotar los yacimientos de carbón que afloran allí en numerosos lugares”.

Lannefors mencionó que durante la guerra europea (Primera Guerra Mundial) se hicieron las últimas tentativas serias para llevar a la práctica una explotación no sólo de las minas cercanas a la estación ferroviaria de Marayes, como la mina Rickard y otras, sino también de los yacimientos de Carrizal que afloran a unos 30 kilómetros al noroeste de la estación mencionada.

“Actualmente esta Dirección está practicando investigaciones geológicas en el distrito y con tal motivo se han efectuado perforaciones en la cuenca de Marayes.

Visité las minas durante tres semanas a fines de agosto y principios de septiembre de 1928, y en mis recorridas por el distrito encontré trabajos mineros en más de 25 lugares distintos en los alrededores de la estación de Marayes.

Y en unos diez puntos del río Carrizal, trabajos que hoy día están abandonados. En varios de estos lugares habían avanzado los trabajos hasta la extracción y selección de carbón”.

Luego relataba que en alguna de las minas explotadas había por entonces mucho carbón amontonado en las canchas pero “de calidad demasiado inferior para ser utilizado”.

¿Qué encontró Lannefors?

Según la investigación de Lannefors, el carbón de Marayes yacía en delgadas capas en areniscas y arcillas grises, descansando estas sobre areniscas coloradas y conglomerados.

Él calculó que la parte de la cuenca que podría ser de interés práctico tenía unos 10 kilómetros cuadrados.

“Por la ubicación de las perforaciones y la inclinación general de los estratos, no es aventurado suponer que prácticamente en esta cuenca todas las capas de carbón se hallan a profundidades comprendidas entre 0 y 200 metros. Vale decir que una explotación no nos llevaría a profundidades que se estiman excesivas”.

Pero también advertía el investigador que “a lo sumo tres cuartas partes de la masa correspondiente es carbón útil y que en la extracción de estas capas se hace imposible evitar que el producto salga algo mezclado con roca de los esquistos y de las otras rocas intercaladas”.

Además, se trataba de carbón muy desmenuzable: una parte se podía extraer en trozos y el resto, como un producto menudo o impuro.

Lannefors calculó las cantidades de carbón en existencia y de interés práctico: “sería necesario saber si existe un solo grupo de capas carbonosas de la importancia aludida o si existen varios grupos en distintos niveles”.

Finalmente concluyó que los cálculos debían fundarse en un solo grupo sobre el cual se podía,  con suficiente exactitud, atribuir uniformidad en cuanto al espesor de las capas carbonosas sobre el área considerada.

Volumen de carbón

“Con los datos y cifras así expuestos procederemos a calcular prudentemente la existencia probable de carbón en cantidades que serían de interés práctico suponiendo que se tengan 30 centímetros de carbón útil con una densidad de 1,40, resulta sobre cada 10.000 metros cuadrados de terreno la cantidad aproximada de 4.000 toneladas en la extracción de capas delgadas como éstas.

Habrá sin duda pérdidas considerables pues aun evitando en lo posible que el carbón se mezcle con las rocas se pierde por lo menos una tercera parte del carbón, quedando reducida por lo tanto a poco más de 2.500 toneladas la cantidad probable de carbón que pueda extraerse de los 10.000 metros cuadrados”.

Teniendo en cuenta la superficie total explorada, el investigador aseguró que “nos resultan en conjunto dos millones y medio (2,5) de toneladas como cantidad posible de carbón”.

Pero el carbón hallado no podía destinarse a cualquier cosa. Había sí una parte del carbón que se podía usar para fines comunes de calefacción, en calderas, estufas, entre otros, “siempre que el azufre y las cenizas no fueran obstáculos serios para su empleo”.

Pero había otra parte mayoritaria de carbón menudo al que no se le podía atribuir valor comercial en el estado que se presentaba en las bocaminas, dado su gran contenido de cenizas que asciende a más de 40 %.

Problemas y soluciones

Lannefors señaló que la verdadera solución técnica del problema relacionado con la explotación de la cuenca carbonífera de Marayes era someter a pulverización todo el carbón que sale de las minas y quemarlo como polvo seco inyectándolo con aire.

Se podía exceptuar una pequeña cantidad de pedazos muy buenos que se apartan fácilmente dentro de las minas.

“Se deducen varios inconvenientes al tratar y emplear este carbón por los métodos corrientes. Primero por ser desmenuzable el carbón sufre en los transportes y trasbordos; segundo, por su gran contenido de cenizas recarga los fletes y resulta muy molesto en el uso. Y tercero, por el azufre que contiene, encuentra difícil empleo”.

El investigador insistía en su optimismo de que nada de esto sería un obstáculo si se empleaba el método de quemar el carbón como polvo.

“Hasta se convierte en ventaja el hecho de ser un material desmenuzable. Las dificultades que se originan de la presencia del azufre y de las cenizas desaparecen de modo notable, pues pueden utilizarse favorablemente productos que contienen hasta el 5 y 10 % de azufre y hasta el 30 y 40 % de cenizas”.

El gran obstáculo en este carbón era la existencia de pirita (mineral del grupo de los sulfuros) debido al hierro que aumenta la posibilidad de las cenizas.

¿Rentable?

Respecto a los cálculos económicos para determinar la rentabilidad de la explotación del carbón de Marayes, Lannefors hizo cuentas sobre la cantidad posible de 2,5 millones de toneladas de carbón de inferior calidad.

“La mayor parte del carbón saldrá de las minas como un producto menudo e impuro que sólo sería utilizable después de pasar por tratamientos costosos. Y si la otra reducida parte que se extrae en pedazos más o menos de calidad útil tuviera que cubrir todos los gastos, llegaríamos a precios fabulosos”.

Luego aporta un dato comparativo: el carbón importado de primera calidad cuyo valor era de $18 a $20 moneda nacional, sobre vagón en Buenos Aires.

Lannefors deja así claro que explotar este carbón no era rentable en ese momento.

Para cerrar esa idea aportamos: el yacimiento más importante, que concentra el 99 % de las reservas del país, es el de Río Turbio, en la provincia de Santa Cruz. En 2019 Yacimientos Carboníferos de Río Turbio estimó producir 360.000 toneladas anuales. Si se explotara la misma cantidad en la cuenca de Marayes, los 2,5 millones de toneladas se acabarían en menos de 7 años.

Otros aportes

La existencia de carbón en San Juan también es mencionada por el ingeniero Pedro Pascual Ramírez en su libro “Contribución a la historia geográfica de San Juan” (1903).

“Hay carbón en Marayes, de donde se han extraído muchas toneladas; también en Jáchal y en la Dehesa”, aseguró el ingeniero.

Y agregó que “esquistos bituminosos hay en varias partes, para nosotros el carbón, mejor la Rafaelita, denunciada al sur de Ischihuagasta (SIC) últimamente es explotable”.

También se menciona el carbón de Marayes en el informe publicado en 1958 por  la Dirección Nacional de Geología y Minería de la Nación, escrito por Walter Stoll.

El trabajo se llama “Las minas y la minería en la Sierra de la Huerta – San Juan” y señala que la mina de carbón Rickard fue descubierta en 1863. Antiguamente han sido efectuados ensayos para explotarla pero sin resultado alguno”.

Los últimos estudios

Con la meta de aportar una solución económica a los pequeños caleros sanjuaninos que dependen del carbón mineral para sus hornos, el Ministerio de Minería de la provincia encargó un estudio de los carbones de yacimientos de San Juan.

En 2018 se anunció que se realizaba una investigación en la cuenca de Marayes, la que era supervisada por el Instituto de Tecnología Minera (INTEMIN) del Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR). Pero ese estudio quedó inconcluso, según informaron, cuando las autoridades de esos institutos cambiaron.