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Segundino Navarro: el sanjuanino que creó la primera institución para la industria local

Una calle y una escuela llevan su nombre en San Juan, pero pocos saben cuál fue el papel de Segundino Navarro en la historia de la provincia.

Uno de los aspectos poco recordados es que este sanjuanino fue el creador de la primera institución para la industria local, que por entonces se reducía a la vitivinícola y minera, el Club Industrial.

“En 1882, llevado siempre por su afán de progreso y cultura para la provincia, funda el Club Industrial, como centro de protección y estímulo para el comercio y la industria sanjuanina, huérfanos hasta entonces de elementos que promovieran su incremento”, señala César H. Guerrero en su libro “Sanjuaninos del ochenta”.

Guerrero lo llamó “pionero del progreso sanjuanino”. Como presidente del Club Industrial realizó la Primera Exposición y Feria Rural en San Juan, “como un fervoroso homenaje a la efeméride patria del 25 de Mayo, certamen que fue de excelentes resultados para el progreso de la provincia por el alcance continental que se le dio”.

“Navarro cumplía con esto, un mandato de su espíritu inquieto, innovador y práctico de grandes beneficios para el pueblo donde nació”, asegura Guerrero.

Navarro, su carrera

Navarro nació en San Juan el 15 de febrero de 1852. Hijo de Segundino Navarro y Concepción García, fueron sus padrinos de bautismo, Guillermo Rawson y Perfecta Castro.

Sus estudios primarios y secundarios los cursó en la provincia y la Universidad de Córdoba recibió el título de Doctor en Leyes, en 1875.

De regreso en provincia natal, puso su estudio en su casa paterna y al poco tiempo fue nombrado Juez de Letras; dos años más tarde, durante la gobernación de Agustín Gómez, fue elegido diputado a la Convención desde donde trabajó por los principios democráticos.

Posteriormente fue nombrado ministro de la Corte de Justicia de la provincia, en cuyo cargo “demostró poseer una austera conducta como magistrado incorruptible y probó, no obstante, su juventud, se trataba de un merecido ascenso” que no era común para su edad.

Busto de Navarro en el Parque de Mayo.

Se casó el 13 de octubre de 1882 con Victorina Lenoir Sarmiento, que era sobrina de Domingo Faustino Sarmiento, ambos eran profesores de Historia en el Colegio Nacional y en la Escuela Normal.

Navarro y su esposa escribieron un compendio de Historia Argentina que sirvió como material de estudio por muchos años en los institutos.

Después de seis años, renunció al cargo de Ministro de la Corte. Un año después, el gobernador Carlos Doncel llamó a Navarro para que ocupe el Ministerio de Gobierno, cargo que desempeñó.

Fue diputado provincial y senador, también fue presidente del recientemente creado Banco Provincial de San Juan.

Al Gran Maestro

Navarro era un gran admirador de Sarmiento porque supo valorar al gran hombre en toda su magnitud y porque había podido medir sus sentimientos de varón ilustre”.

Como sobrino político, Navarro acompañó a Sarmiento en algunos viajes, a su muerte fue parte de la comitiva que recibió los restos del prócer en Buenos Aires y lo despidió con un discurso en el cementerio.

El 1893, durante el gobierno de Domingo Morón, ocupó nuevamente el Ministerio de Gobierno y se dedicó especialmente a dos obras: la reorganización de la Quinta Normal, fundada por Sarmiento, y al proyecto de construcción del ferrocarril Patquía, que fue la base para la línea de Serrezuela.

Fue nombrado Juez Federal en 1898, y dos años más tarde, Juez en lo Correccional de la Capital Federal.

Navarro fue también fue un gran escritor y orador. Escribió varias composiciones poéticas entre las que figuran Canto a Colón, a Laprida y Fray Justo, Himno al árbol y el Himno a Sarmiento (el que se canta en San Juan).

Letra, Segundino Navarro; música de Francisco Colecchia.

Escribió un cuadro alegórico en homenaje a Del Carril y publicó un folleto en 1901 con motivo de la inauguración de la estatua de Sarmiento en la plaza 25 de Mayo.

Mientras era juez en la Capital Federal, fallece el 21 de diciembre de 1910.

Navarro escribió: “La vida de la humanidad no es sino la diaria y penosa batalla trabada entre la fuerza y el derecho, entre la superstición y la ciencia, entre las pasiones y la verdad”.

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